“Siempre que me lo preguntan no sé qué decir. Es el mejor momento de mi vida. Vi como la pelota entraba llorando, poquito a poco. Levante los ojos, miré hacia la gente y entendí qué estaba pasando”. Pasaba que el Barça acababa de igualar una eliminatoria imposible. Para una generación de barcelonistas aquella fue la noche de sus vidas y Rafa Zuviría, héroe por accidente, pasó a convertirse en leyenda.

Este primero de noviembre se cumplen 35 años de un partido perdido en el tiempo pero para nada olvidado en el Camp Nou. Superada con comodidad la primera eliminatoria de la Recopa ante el entonces desconocido Shakhtar Donetsk, los octavos de final emparejaron al irrgeular equipo de Lucien Muller con el Anderlecht, campeón en vigor del torneo y, además, campeón de la Supercopa frente al Liverpool. Poca broma.

El 18 de octubre de 1978, en el viejo estadio de Heysel, el equipo belga atropelló al Barça con dos goles de Van der Elst, otro de Coeck y un arbitraje que Zuviría no ha olvidado. “Aquel italiano se burló de nosotros. Machacaron a patadas a Paco (Martínez), le dieron dos manotazos a Olmo y los dos primeros goles no fueron legales” rememora el Torito, quien descubre que de regreso a Barcelona se prometió con Heredia “devolverles la jugarreta”.

Ayudó a todo ello el entrenador del Anderlecht, un tal Raymond Goethals que puede no decir mucho a los jóvenes aficionados pero que en la época podía considerarse la versión belga de Brian Clough. Se encargó de proclamar que la eliminatoria estaba finiquitada, menospreció al Barça, se burló de los jugadores y aseguró que el partido de vuelta sería poco menos que un viaje de placer para su equipo.

Y calentó el ambiente como no se recordaba en Barcelona. “Les fueron a recibir al aeropuerto y no les dejaron entrenar. Nos dijeron que le lanzaron hasta piedras mientras él se burlaba de los aficionados y se armó una buena”, apunta Zuviría, todavía, en ese momento desconocedor de lo que le tenía reservado el destino.

Aquel miércoles primero de noviembre, festivo, el partido se jugó a las siete de la tarde y nadie recordaba a esa hora un ambiente tan encendido en un Camp Nou repleto hasta los topes. La utopía había dejado paso a la ilusión. Y la locura se abrió paso a empujones.

De pie: Artola, De la Cruz, Neeskens, Zuviría, Olmo y Migueli. Agachados, Sánchez, Heredia, Krankl, Asensi y Rexach.

De pie: Artola, De la Cruz, Neeskens, Zuviría, Olmo y Migueli. Agachados, Sánchez, Heredia, Krankl, Asensi y Rexach.

2Zuvi no olvida: “Hay que salir a morir nos dijimos y Krankl nos abrió la puerta al marcar muy pronto”. Hansi tomó un balón en el extremo izquierdo, entró en el área por el lateral, quebró hacia adentro y casi desde la línea de fondo lanzó un zurdazo que sorprendió a De Bree por el primer palo. 1-0 y 100.000 almas enloquecidas.

“No pensábamos en nada. Era ir sin más. Yo y De la Cruz, los laterales, éramos extremos, Migueli subía al remate antes que la pelota, Milonguita (Heredia) volvía locos a los defensas, Charly estaba desconocido. Había que marcar otro antes del descanso…”. Y lo hizo Heredia.

Olmo cortó un avance del Anderlecht y le cedió el balón a Rexach, quien avanzó unos metros antes de pasar el balón al Milonguita. Y Heredia, como alma que lleva el diablo, se fue, vaya si lo hizo, hacia el área. Alcanzó la corona por la izquierda, regateó a la derecha y soltó un misil.

3Faltaba nada para llegar al descanso y el Barça había metido el segundo. La locura que se desató en el Camp Nou es imposible olvidarla. “Nos fuimos a vestuarios con todo el mundo gritando. Nos daban las gracias, nos animaban como nunca he vuelto a ver. Entramos en el vestuario queriendo salir y veíamos el miedo en la cara de los belgas” apunta Zuviría, trasladado en el tiempo.

La segunda parte, sin embargo, fue un drama. Pasaba el tiempo y no llegaba el gol definitivo. ¿Pensaban los jugadores que se apagaba el milagro? “No. Allí no piensas. Sólo íbamos desesperados, sin tácticas, sin ideas, todos arriba de cualquier manera” explica el protagonista, listo para entrar en la historia.

Faltaban cinco minutos para acabar cuando ocurrió. “Sacamos un corner y ellos rechazaron el balón hacia el centro del campo” recuerda el argentino, que narra en primera persona el desenlace más emotivo que vivió el viejo estadio azulgrana. “Me llegó la pelota mirando a mi portería y cuando me di la vuelta vi que salían todos para provocar el fuera de juego. Heredia corrió por el lado pero tardé un segundo de más para lanzarle el pase. Ya estaba en fuera de juego, así que decidí que era cosa mía…”.

Con todo el equipo belga presionando en el centro del campo hizo dos quiebros sorprendentes y se metió en la autopista, se lanzó el balón largo, solo ante el portero y un zaguero corriendo desesperado desde la banda. Entró en el área por el costado derecho cuando salió De Bree y le cruzó el balón, suave. “La pelota entró casi a cámara lenta” sonríe Zuviría con una brillantez en los ojos que descubre la emoción que aún le sobreviene al recordar el momento.

1Y lloramos, como locos, los 100.000 aficionados que ahí estábamos. Y los jugadores entraron en una dimensión desconocida. “En aquel momento ya teníamos claro que estaba ganado, aunque faltase la prórroga. Esa comunión, que me perdonen, no la he vuelto a ver”.

Nadie, o casi nadie, tiene presente que en esa prórroga el propio Zuviría estrelló un balón en el palo. En el imaginario colectivo solo permanece su carrera hacia la gloria. Y los penalties. Claro. Y se desempolvan las anécdotas. El mister me ofreció lanzar uno, pero Heredia me lo impidió. ‘Pibe, tu ya estás en la historia, ya hiciste tu trabajo. No arriesgues ese momento’ me dijo y asentí”.

Marcó Krankl, Artola atajó al gran Van der Elst, anotó Rexach, Geels estrelló su lanzamiento en el palo, marcó, con una paradinha legendaria, Bio, marcó Thissen el 3-1 y Neeskens, con un disparo raso y ajustado al palo derecho de la portería de Travessera cerró la remontada con el definitivo 4-1.

Los recogepelotas que se agolpaban tras la línea de fondo invadieron el campo y se fundieron con aquellos héroes. El graderío en pleno del Camp Nou estalló con un júbilo desbordante y se completó una atmósfera de felicidad difícil de explicar.

El Barça guardó en sus entrañas aquella noche mágica para ser recordada por los tiempos. Después llegaría una ajustada remontada al Ipswich Town de Bobby Robson, una eliminatoria final también imborrable frente al Béveren y la legendaria final de Basilea. Pero todo ello fue posible gracias a Zuviría. A la bendita locura de un argentino que apartado de los focos regresa al primer plano cada primero de noviembre. Invariablemente.

6“Aquello marcó mi futuro en el Barça. La gente dudaba de mi pero a partir de ahí pasé a ser especial. Si digo que aquel es el mejor día de mi vida es porque nadie lo ha olvidado, porque la gente sigue recordándomelo y me dan las gracias. Soy un tipo con suerte” ríe el Torito.

Puede que en el fondo no sea consciente de cómo se vivió todo aquello en la grada. Lo veía y sentía, pero era el actor a quien todos los aficionados lanzaron hacia la gloria con su empuje.

Hace 35 años el Barça era diferente. Todo era distinto. Vivía atrapado en una realidad que nada tiene que ver con el presente y quizá por ello noches como aquella del Anderlecht permanecen vivas en el recuerdo. Porque es imposible olvidar el zurdazo de Krankl, el obús de Milonguita… y la carrera imposible de Zuviría. Héroe por accidente pero con mayúsculas en nuestra particular historia.


La remontada, en fotos.