Yo no voté ni a Laporta ni a Rosell

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Soy el socio 27.993. Un número anecdótico al cual le quedan dos telediarios. En cuanto me llegue el nuevo carnet de 2014 seré otro número de socio, seguro más bajo por la crisis y por ley de vida.

En estos días de recogida familiar, de meditación y de hacer balance me ha pasado por la cabeza una reflexión: yo no he votado ni a Jan Laporta ni a Sandro Rosell. Curioso porque siempre hago uso de este ejercicio democrático en todos los ámbitos posibles o al menos en los que se nos permiten, a los catalanes y al resto de ciudadanos del mundo en democracia. Pero no elegí votar a Laporta en 2003 ni a Rosell en 2010.

Una anécdota me ocurrió durante las elecciones de 2003. Recibí una llamada telefónica de la candidatura, en aquellos momentos única de Laporta & Rosell, para agradecerme el haber dado mi firma y ayudarles a poder presentarse a aquellas elecciones. ¿Mi firma? Aquella llamada me sorprendió al volante por las calles de Madrid. Mi sorpresa fue mayúscula porque yo no había dado mi firma a ninguna candidatura. Pero aproveché para preguntar como estaba lo de Beckham. La señorita me contestó que aquella candidatura era mucho más que Beckham. Y era verdad, aunque por aquel entonces ni me lo podía imaginar.

Laporta & Rosell acabaron ganándole las elecciones a la presidencia a Bassat & Guardiola. Sí, Pep Guardiola. Nostru senyor era el director deportivo de la candidatura de Lluís Bassat. Director deportivo que ya mostraba su manera de ver las cosas: se presentó sin dar ni un sólo nombre de jugador o entrenador para su proyecto. Sonaba Juanma Lillo para el banquillo, pero también sonaba Koeman y algunos otros. Guardiola presentó eso mismo: un proyecto. Una filosofía. Sí, ya era un filosofo. Ibrahimovic no descubrió la pólvora, aunque abusara de ella.

Bassat acudía a las elecciones por segunda vez tras perderlas en 2000 ante un Joan Gaspart que nos sumió en los años más oscuros del barcelonismo. Bassat lo tenía todo a favor para derrotar al grupo de jóvenes sobradamente preparados salidos del Elefant Blau de la época de Nuñez. Pero los chicos del power point borraron para siempre el sueño del publicista de ser presidente del Barça.

Gaspart no tomó partido por ninguna candidatura pero curioso es que mis datos de socio, teléfono móvil incluído -como, supongo, el de algún socio más- acabaran en manos del Laporta que no levantó las alfombras contra la directiva saliente. Acúsenme de malpensado.

Laporta tomó posesión del palco del Camp Nou y tenía ante sí levantar un club prácticamente muerto y encima sin apenas dinero en la caja. La secretaría técnica cayó en manos de Txiki Beguiristáin y en boca de Johan Cruyff. El directivo que debía entenderse con ellos era Sandro Rosell. Rosell hablaba perfectamente brasileño y eso le llevó a ejecutar el fichaje del siglo: Ronaldinho. ¿Y Beckham? Beckham y su señora se pirraban por el olor a ajo, aquí all, que no suena tan denso.

La sonrisa de piñata prominente se contagio rápidamente entre el barcelonismo e incluso más allá, llegando a levantar a un señor con bigote e hijo en el estadio que debía aplaudir a Beckham y bailar con las Spice Girls. Pero por aquel entonces, éstas eran ya historia. Empezaba a sonar Shakira por las discos de Madrid.

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Al mismo tiempo que Shakira cantaba el «Te dejo Madrid», Rosell decidió cantárselo a Laporta. Un Rosell que atendía en demasía al teléfono durante las reuniones en holandés. Recordemos que él hablaba brasileño. El holandés lo dominaba Laporta. ¿O era al revés? Lo del holandés y Laporta. Lo del brasileño en Rosell es de nacimiento, o casi.

Como les pasa a la mayoría de hombres cuando se divorcian. En cuanto Rosell dejó a Laporta, éste descubrió Luz de gas. ¡Marededeusenyor! ¡qué festival, señores! ¡Hasta Xavi salía de fiesta con Laporta! ¡El metrónomo, tú! Claro que con ese apodo no me extraña. Acudiría a afinar los equipos de música. De desafinar ya se ocupaba el president. Y vaya si lo hizo. Como presidente del Barça, porque uno es presidente del Barça desde que se levanta hasta que se vuelve a levantar al día siguiente. Tanto desafinó que dejó a su grupo de música sin vocalista. Y el grupo, como le pasó a Queen sin Freddy Mercury, se disolvió –por mucho que intenten volver sin el carismático líder–.

Y como otra cosa no tendrán en Brasil, pero música… Rosell encandiló a los socios y arrasó en las elecciones de 2010, aunque por entonces Guardiola era el entrenador y le hizo más fácil la transición. Y más fácil aún se lo puso cuando ejerció de entrenador-presidente-portavozdelclub. Hasta que se vació, como Laporta hacía con las botellas de champagne francés o Rosell con sus pensamientos.

¿Y todo esto a que venía? A si, que yo no voté a Laporta ni a Rosell. Un dato anecdótico.

Feliz año nuevo y si van de verbena al Luz de gas denle recuerdos a Laporta. A Rosell no hace falta.

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