XVIII Cursa Atlètica Festa Major del Poble Nou

Con la llegada de septiembre se inicia la temporada de carreras populares. Las hay para todos: millas urbanas (1,6 km), carreras de 5 km, de 10 km, medios maratones (21,097 km) y maratones (42,195 km), sobre asfalto o sobre tierra. Sin duda, el running se ha puesto de moda. En época de crisis es el deporte más económico. Barato, claro está, es empezar. Una vez te aficionas tienes mil gadgets para acabar saliendo a correr como si desfilaras por la pasarela Gaudí.

El año pasado, el FC Barcelona puso en marcha una iniciativa para sacar a la gente del sofá. Creó la liga ‘Corrent fem Barça’ para socios y peñistas del club. La idea era participar en 10 carreras populares de 10 kilómetros. La inscripción era gratuita y además te regalaban una camiseta técnica Nike diseñada para la ocasión. La iniciativa tuvo mucho éxito y en seguida se agotaron las 1.000 inscripciones. Varios colaboradores de am14 la disputamos.

Todos empezamos desde cero y todos teníamos el deporte tan olvidado que lo primero que hicimos fue comprarnos las zapatillas. El siguiente reto fue aguantar 15 minutos seguidos corriendo. Nos pusimos a entrenar en julio y en septiembre ya disputábamos nuestra primera carrera de 10 kilómetros. Cada uno a su ritmo porque, si algo tiene el running, además de aportar salud física y mental, es que te permite competir contra ti mismo.

En mi caso, empecé a ritmo de 5:33 min/km para acabar la temporada a ritmo de 4:52. Tengo 40 años y dispongo de 3 días a la semana para entrenar, en el mejor de los casos.

Este año, el Barça sigue con la iniciativa y ya se ha disputado una carrera de la segunda edición de la liga ‘Corrent fem Barça’. Fue el domingo 8 de septiembre en Poble Nou. La XVIII Cursa Atlètica Festa Major del Poble Nou –para mí la cursa con mejor organización del circuito– está organizada por la asociación de vecinos de Gran Via-Espronceda-Perú y coincide con la fiesta mayor del barrio.

Por 14€ si dispones de chip amarillo para que se cronometre automáticamente tu tiempo de carrera (16 si lo alquilas o 24 si lo compras allí), te agasajan con productos de los patrocinadores una vez acabada la carrera y recompensan tu esfuerzo con un bocadillo de butifarra y una camiseta técnica de cuidado diseño.

La carrera en si, es de las cómodas. En el argot running, es para hacer marca. Yo venía de 55:40 del año pasado, así que mi margen para mejorar ese tiempo era enorme, aunque mi mejor marca personal (48:45) era difícil de alcanzar en la primera carrera después del verano.

Llegué con bastante tiempo al barrio, pero me llevó más de media hora encontrar aparcamiento. Así que con el tiempo justo (30 minutos) estiré y calenté. Como soy amateur, seguramente no estiro ni caliento de la mejor manera aunque haya leído mucho sobre ello. Así que noté una ligera molestia en el gemelo derecho. No había manera de estirarlo para que desapareciera, de modo que me fui para la salida con lo que los runners llaman malas sensaciones.

La prueba se inició a las 9:31 tras un minuto de silencio por la muerte del fundador, José Lázaro. Tan solo 50 metros después de iniciar la carrera se llega a un giro de 90º a la derecha complicado por la acumulación de corredores. El primer kilómetro transcurre tranquilo por Perú y Gran Vía. Es bastante plano excepto la subida de la calle Bilbao para coger Gran Vía que, aunque sea corta, pica. Los primeros 1.000 metros los hice en 4:44; me notaba muy bien. Los dos siguientes –con una ligera bajada por Rambla Prim– los clavé a 4:54 a pesar de que no me encontraba cómodo. Hacía mucha humedad y yo respiro por la boca así que me costaba llenar los pulmones. El cuarto kilómetro por la Diagonal ya lo hice a 5:02, y ahí vi que me iba a costar mantener el ritmo para bajar de los 50′, mi principal objetivo.

El quinto kilómetro, justo antes de recoger el agua, lo hice apretando dientes a 4:56 para encarar la parte más aburrida del circuito, las calles de Pere IV y Perú. Dos kilómetros tediosos que hice a 5:16 y 5:15. No me encontraba cómodo aunque no notaba la molestia del gemelo y acababa de reponer líquido. Pese a todo, no podía tirar más rápido y tampoco podía concentrarme en la música.

Después de la carrera, algunos corredores más profesionales hablaban sobre la humedad y también el viento en contra que tuvimos que aguantar durante los casi dos kilómetros de la calle Perú. Yo, por supuesto, soy incapaz de reconocer si tengo el viento en contra. Bastante tengo con poner un pie y después el otro.

El octavo kilómetro fue algo más divertido, puesto que zigzagueas bastante. Lo completé en 5:03, mientras que el noveno –ya bastante apurado de fuerzas– lo cerré en 5:07, reservándome para apretar en el último, que corrí dándolo todo a un ritmo de 4:28. Mi reloj Garmin me cantó los 10 kilómetros en 49:40 pero resulta que ahí no estaba en la meta. Toda la carrera, el Garmin sincronizaba los kilómetros con los de la organización y resulta que en el último km todavía me quedaban 150 metros para llegar. 150 metros que se me hicieron eternos. Los hice en 42″ para terminar en 50:22 de tiempo oficial. Contento de acabar mi primera carrera de la temporada, pero decepcionado por no bajar de los 50′ por culpa de ese último hectómetro y medio.

Al cruzar la meta y después de recoger la botella de agua, empieza el circuito más grande de obsequios de cualquier carrera popular en la que haya participado. Primero la bolsa del corredor con brick de sopa, vaso plegable, bolsa/mochila y publicidad. Después, el bocadillo de butifarra, más agua, zumo de naranja, yogur, helado, refresco o cerveza. En fin, que si has quemado 800 calorías, aquí es donde se recuperan.

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos