XV Medio Maratón Villa de Madrid 2015. Uniendo ciudades

Siempre he tenido en mente salir de Catalunya para conocer otras carreras, probar otro tipo de organización y explorar otras ciudades con la excusa de esto que ahora llaman running y que no deja de ser correr de toda la vida.

Llevo algo más de 20 años y unos cuantos kilómetros en mis piernas y he podido disfrutar de alguna carrera en España y alguna que otra en Europa. He comprobado que en todas partes los que hacen grandes las carreras, sea de la distancia que sea, son los corredores populares. Yo me defino como un corredor popular. Una persona como cualquier otra que ama el deporte y saca tiempo de donde no hay para entrenar y seguir cumpliendo con las obligaciones que nos impone el trabajo, la casa, la pareja y los hijos.

En el currículum que te vas creando a medida que evolucionas como corredor popular había un pequeño reto que me hacía especial ilusión: unir dos ciudades, Barcelona y Madrid. Es decir, disputar los dos medios maratones de ambas ciudades en el pequeño margen de tiempo que hay entre la Mitja Marató de Barcelona, 15 de febrero y el Medio Maratón Villa de Madrid que se disputó el pasado 29 de marzo. Si bien es cierto, se me coló en medio la Mitja Marató de Montornés del Vallés, el 8 de marzo, que no me perdí pese a que tengo una lesión en la pierna derecha. Es lo que tiene este deporte, engancha.

Correr en Barcelona era relativamente sencillo puesto que no debía conciliar nada más que una mañana de domingo en la que la familia por poco que se lo propusieran todavía estaría durmiendo mientras yo empezaba a devorar los 21 kilómetros y 97 metros. Pero ir a Madrid suponía destinar un fin de semana. Es decir, negociar con la mujer y el jefe. Pero todo fue proponerlo y en seguida encontré el apoyo necesario.

medio maraton madrid

Llegaba a Madrid con dos medios maratones muy seguidos y había leído que esta era una carrera durilla. No es que fuera buscando una marca concreta pero después de hacer 1h.43’41” en Barcelona y 1h.41’49” en Montornés, mi intención era, además de disfrutar, hacer un tiempo parecido.

Y ya os puedo asegurar que para mi fue duro. Nada más empezar una prolongada subida por la calle de Alcalá. No recuerdo muchos medios maratones que empezaran con una subida. En Barcelona te encuentras el Paral·lel en los primeros kilómetros pero has tenido tres o cuatro para hacerte a la idea de que estás corriendo. Esta vez hasta que no llegas a la Plaza Castilla te has metido ocho kilómetros de eterna subida. Hay algún falso llano y alguna bajada pero la sensación es que no paras de subir.

Por suerte los tres siguientes kilómetros te dan un respiro, bajando un tramo de la calle Mateo Inurria para enlazar, ya si en constante bajada, con Principe de Vergara.

Los kilómetros 12, 13 y 14 vuelven a ser un auténtico tobogán por la popular calle Serrano –milla de oro de Madrid– y la calle Diego de León hasta encontrarte nuevamente en Principe de Vergara y volver a bajar durante el kilómetro 15. Ya podrían haber recortado todo en bajada por Principe de Vergara, pero no, querían hacernos sufrir.

Y de verdad que debe de ser así. Antes de alcanzar el kilómetro 17, una voz que aparecía de la nada nos espetó “¡Preparaos que terminamos los cuatro últimos kilómetros subiendo!” ¿Pero cómo que vamos a terminar subiendo cuatro kilómetros? Pero si no hemos hecho otra cosa desde la salida.

No se si fueron cuatro kilómetros o tres, pero de repente, al entrar en el Parque del Retiro alguien me clavó un gancho a la espalda. A mí y a la mayoría de corredores. De repente una fuerza inesperada nos ancló al suelo. No, mejor dicho, nos empujó hacia atrás. Parecía aquello el hundimiento del Titanic. Como si James Cameron hubiese puesto una cámara y el suelo de repente se elevara ante mis pies. Muchos corredores notaron aquel cambio repentino y empezaron a quedarse.

medio maraton madrid2

A mi me salvaron las ganas de llevarme a casa la medalla y ver la señal del kilómetro 20. No sin antes llevarme un nuevo palo al ver un sinfín de arcos de llegada sin saber que la meta está en el último. En el último después del que tu creías que era el último.

Tengo la inmensa suerte de que después de tanto tiempo corriendo y acumulando años en mi calendario vital, ya no me interesa saber a que ritmo voy en carrera. No llevo gps. Corro por sensaciones. Después del inmenso esfuerzo que me supuso este medio maratón creí que había llegado rozando las dos horas. De verdad. Después de llevar tantos kilómetros subiendo por las calles de Madrid creía que no llegaba a la hora del aperitivo. Ni a las cañas. Estaba seguro que me tocaba a mi pagar las bravas.

Para mi sorpresa acabé en 1 hora, 44 minutos y 35 segundos. Después de disputar dos medios maratones en Catalunya y pegarme un palizón subiendo por Madrid, he de reconocer que estoy muy satisfecho. He disfrutado mucho de una ciudad con la que me unen muchas cosas personales y familiares. He conseguido unir las dos ciudades en mi medallero particular y lo que es más importante, sigo disfrutando como el primer día de esto que ahora llaman running y no deja de ser correr de toda la vida.

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