¿A quién le daremos la manija?

Todo apunta a que Xavi Hernández tiene decidido abandonar el Barça en cuanto acabe el Mundial. Al nivel de exigencia físico impuesto por Luis Enrique se le sumarían las jugosas ofertas que el genial centrocampista tiene procedente de Catar8,5 millones de euros para jugar a un ritmo inferior en el Al Sadd, el Al Jadish o el Al Arabi, aunque la decisión queda a expensas de una conversación pendiente que deberán tener Xavi Hernández y su nuevo entrenador.

La decisión se tomará durante el Mundial y se anunciará después, pero las consecuencias del posible adiós de Xavi son imprevisibles para el Barça y para su planificación. El de Terrassa es el guardián del manual de estilo y, por el momento, no hay ningún sustituto. En dos veranos, el Barça se habrá quedado sin sus principales alternativas. Se fue Thiago Alcántara, un jugador joven que seguramente era el que tenía más ‘ADN‘ creativo, el que estaba señalado como heredero del estilo. Su marcha fue uno de los errores históricos, sobre todo porque su continuidad dependía absolutamente del club y de que hubiera jugado unos cuantos minutos más, pero fue mucho más fácil hacer caja con su marcha.

Hace unos días se fue Cesc Fàbregas. Cesc no tenía el mismo perfil, pero en la zona de creación es un jugador interesante. Si se marcha Xavi, el panorama es complicado. Podría Luis Enrique –si es que mantiene el mismo dibujo que hasta ahora– darle la batuta a Andrés Iniesta o incluso apostar por Sergio Busquets.

La decisión es compleja y sintomática. El Barça, un equipo que históricamente ha fabricado decenas de jugones y de organizadores, podría verse en la necesidad de buscar fuera por su mala cabeza, porque en el filial tampoco hay jugadores con ese perfil preparados para dar el salto.

Otra cuestión es que Luis Enrique decida cambiar el sistema, disponer de un doble pivote (Busquets y Mascherano) y una línea de tres en la que la figura del organizador no esté tan definida. También cabe otra opción: que Xavi se quede una temporada más y lidere la transición. Esa última sería la decisión más sabia.

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