Xavi, érase un jugador a un balón pegado

Érase un jugador a un balón pegado. Ese es Xavi, el santo-y-seña del mejor Barça de la historia. Pensar en él es rememorar el estilo más reconocible, en el tipo que llevó el timón azulgrana y el de la selección española campeona de todo. Se va Xavi Hernández para volver, aparca el fútbol desde dentro para tomarse un respiro, renovar su espíritu -y su bolsillo- para volver, quién sabe, dentro de un par de años para convertirse en el futuro entrenador del Barça, porque a estas alturas de la cuestión ya nadie lo pone en duda.

Se va con todos los récords batidos y con la elegancia del tipo que siempre tuvo el fútbol en la cabeza. El futbolista que salvó la cabeza a Van Gaal, que sustituyó a Josep Guardiola, que un día pudo firmar el contrato de su vida con el mejor Milan, pero que quedó para hacer historia, algo que seguramente nunca imaginó cuando debutó en el viejo Luis Sitjar para darle una Supercopa a su Barça.

Es Xavi tan especial que sus números marean, pero tan sencillo que a él solo le interesa hablar de fútbol, desconectar por un momento y comprobar el resultado de cualquier partido en el Livescore de su ‘smartphone’. Xavi iba a ser el heredero de Guardiola, pero superó cualquier previsión, aunque fuera tarde, cuando ya avistaba la treintena y muchos pensaron que las expectativas creadas en torno suyo habían superado la realidad.

Pero no fue así, ahí estuvo él para darle la vuelta a todo. Para ser uno de los mejores en el mejor equipo, para convertirse en la idea del Barça y revolucionar el fútbol con los pases filtrados, esa vuelta mágica o esa clarividencia de la que se aprovecharon todos, desde Ronaldinho a Messi. Con 35 años, Xavi ha decidido bajarse en el mejor momento y aceptar una gran oferta del Al Sadd para conocer otro fútbol y formarse como entrenador en la prestigiosa Academia Aspire, donde trabajarán también sus hermanos. Por suerte para el Barça, el contrato no cuajó el año pasado -anunció por WhatsApp a sus amigos que se iba del club de su vida- y se ha quedado para salvar la temporada, más desde el vestuario que desde el césped.

Fue Xavi el que cogió el toro por los cuernos y habló con Messi después de aquella derrota en Anoeta. Fue él quien tendió  puentes con Luis Enrique para que no hubiera más aterrizajes forzosos con Leo y convenció a unos y otros de que ésta no era una temporada de transición. Sabía que iba a ser su último año y no era cuestión de desaprovechar la última oportunidad que le estaba ofreciendo el destino.

A Xavi le quedan tres partidos con el Barça, tres encuentros y dos finales para aumentar su enorme currículum. Ha jugado 764 partidos, ha dado 173 asistencias y ha marcado 85 goles. En su casa tiene 26 títulos mayores, 23 con el Barça, ocho reproducciones de la copa de la Liga, 1 Mundial, 2 Champions, 2 Eurocopas y 2 Mundiales de Clubes por citar algunos de los trofeos conquistados.

Me gustaría que me recordaran como un tío futbolero hasta la médula, que lo dio todo en su club y en la selección. Mi cabeza y mi físico me han dicho que era el momento de irse, no tanto el corazón porque soy muy culé y tengo un sentimiento bestial por este escudo“, ha dicho Xavi hoy en su despedida ante los medios de comunicación.

No será un adiós, será un hasta luego. El sábado se despedirá de los aficionados en el Camp Nou, pero íntimamente sabe que no será el último momento. Queda la final de Copa del próximo 30 de mayo y una final de Champions en Berlín, donde puede culminar su sueño: el de levantar su cuarta Champions y despedirse con otro triplete de leyenda, el que merece Xavi, ese jugador a un balón pegado.

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