Xabi Alonso al Bayern ¿Y qué?

El Bayern de Múnich ha fichado a Xabi Alonso, que estará a partir de esta misma semana a las órdenes de Pep Guardiola. Y eso, algo tan simple como el fichaje de un futbolista, ha servido para avivar el fuego cruzado entre los diversos bandos en que se divide la mayoría de los aficionados… del Barça.

Hubo un tiempo en que el barcelonismo se entretenía sufriendo por el devenir de su equipo, señalando al José Plaza de turno (¿recuerdan?) como causante de los males del Barça y las victorias del Madrid y echando la culpa a otros de lo que ocurría en casa. Eran tiempos en los que si algo caracterizaba al culé era su capacidad para cerrar filas frente al enemigo común –real o no– y para arroparse ante los golpes que, una y otra vez, impactaban contra el equipo, el escudo y el alma azulgranas.

Eran los tiempos del ‘aquest any, sí‘ y del ‘¡Guruceta, Guruceta!‘, tiempos en los que el presidente hacía de su capa un sayo y convertía en una afrenta contra su persona cualquier ataque al club. Si se perdía -o si no se ganaba, que venía a ser lo mismo–, era siempre por culpa de otro. Y el barcelonista, poco crítico por entonces, tragaba. Eran tiempos que muchos de los que lean estas líneas no han vivido gracias a que un día, ese mismo presidente victimista, pequeño y megalómano, decidió salvar su culo trayendo como entrenador al holandés que modificaría para siempre aquel carácter perdedor.

Desde entonces, hace más de un cuarto de siglo, el barcelonista ha cambiado. Seguramente, de la misma manera que ha cambiado el país. Hoy la gente tiene espíritu crítico y eso, sin duda, es algo que enriquece al barcelonismo. Y más si se ejerce desde la victoria.

2012 marcó, probablemente, un punto de inflexión entre los seguidores del Barça. La marcha de Josep Guardiola acabó por quitar la espoleta a una granada de mano que ha hecho y va a seguir haciendo más daño que los tradicionales ‘ismos‘ que han acompañado al club durante décadas. Quienes, silenciados por los incontestables triunfos de su equipo, guardaban silencio, dieron rienda suelta a su sentimiento de novios despechados, arrogándose como propio el papel de repartidores de diplomas de buenos y malos culés. Aquellos otros que entendieron su partida como algo natural, se enconaron en la posición contraria y, por oposición a los primeros, adoptaron una actitud igualmente beligerante y, probablemente, también equivocada. Hoy, más de dos años después, la cosa no solo no mejora, sino que va de mal en peor.

En su artículo de ayer, Jordi Blanco decía, a propósito del fichaje de Xabi Alonso por el Bayern, que el fútbol profesional está por encima de cualquier romanticismo. Seguramente ahí radique el secreto de todo. Ahí y en la incapacidad de quienes vivimos el fútbol con la pasión que ¿merece? para pasar los vaivenes que rodean a los grandes clubes por los tamices adecuados, esos que permiten aportar algo de sentido común a las opiniones que emitimos.

Guardiola ha fichado a Xabi Alonso y, del mismo modo que Mourinho ha incorporado a su equipo a Cesc Fàbregas o Luis Enrique a Luis Suárez, se supone que lo ha hecho por razones futbolísticas. Pero como ‘el corazón tiene razones que la razón no entiende‘, sabemos ya que se va a cuestionar todo desde cualquier punto de vista excepto, precisamente, el deportivo. Y es lícito, faltaría más. Lo que debería preocuparnos es que de ser una manada de borregos hace 30 años que no veía la viga en el ojo propio y sí la paja en el ajeno, hayamos pasado al extremo contrario en el que nos permitimos el lujo de criticar operaciones de terceros como si fueran nuestras, aunque no aparezcan Traffic ni el padre de Neymar por medio.

Se fue la novia y no lo hemos superado. Unos la idolatran y otros la despechan, evitando el punto medio en el que suele estar el equilibrio, pero todos somos incapaces de evitar mirar qué hace, con quién duerme y a qué fiestas va. Y, claro, nos separa un pequeño paso del ‘la maté porque era mía‘. Mia san Mia, concretamente.

Suerte que llega Douglas.

Foto: marca.com

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