Victorias Malditas

Nací en el Mediterráneo, le di verde a los pinos y azulgrana a mi club. Un club eternamente fracturado, que abunda en complejos de Edipo, movimientos iconoclastas en la mejor tradición fallera y que, a la mínima que todo se tuerce, quema carnés en busca del fuego purificador.

Anda el patio revuelto con la notable reacción del equipo tras «lo de Anoeta«. La una parte, estaba esperando con el cuchillo entre los dientes a la otra parte para saldar cuentas. Salvando las distancias, si yo fuera aficionado merengue, estoy seguro de que pediría comenzar cada partido con un gol en contra que espoleara al equipo. Está comprobado que es así como reacciona y entra en efervescencia. Obviamente es una hipótesis irreal (nunca mejor dicho).

En el caso del Barça, sin embargo, reclamo mi trocito de hoguera de Sant Joan. Me duele tanto ver al equipo y al club empatados, enfrascados durante tanto tiempo en reyertas y discusiones bizantinas, que la única solución que atisbo es la silla eléctrica durante el mínimo tiempo necesario. Demasiada influencia de la Naranja Mecánica, supongo.

No es que disfrute en absoluto la derrota de mi equipo. La sufro como el que más. Es sólo que albergo la esperanza de que el pinchazo de esa vacuna tenga la dosis necesaria para evitar sucesivas epidemias. Por mi parte, más vale una refriega esclarecedora a tiempo, que mil conjuras de asado en vano.

Soy culpable, claro. Y también los demás por permitir que la historia se nos escapara entre los dedos sin saberla sostener cuando comenzábamos a sentirnos cómodamente instalados en las malditas victorias. Culpable, sí, pero también soy clemente a sabiendas de que nuestra idiosincrasia nos empuja al cainismo ya sea por un lacito o por un quítame allá ese aval.

Todos nos felicitamos, eso sí, por el alumbramiento del nuevo Barça. El que todos queríamos, sin duda. Ese que no sabíamos explicar muy bien, pero que ahora ya sí que nos entendemos, una vez se ha vuelto a la senda competitiva tras años de penuria y con ruido de sables mediante.

¿Qué bueno era Messi, eh?

– I tant! Mai vaig dubtar d’ ell.

Lo jodido es que yo ya me había atrincherado en la ‘empatía‘.  ¿Qué hago yo ahora si empezamos a ganar de nuevo?

En fin, que estamos en otra etapa en la que de nuevo tendremos que apretarnos el cinturón, aunque de otra manera. En el juego directo acechan otros peligros no tan explorados y teniendo sus muchas virtudes, que yo mismo he reclamado no pocas veces, las inevitables desventajas pueden pasar factura por el valor doble de los goles a domicilio en eliminatorias a doble partido… Ojo con eso.

Prietas las filas pues, y como dijo Mr. Wolf  «No nos…». Quicir.

Comparte este artículo

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos