Vermaelen y los servicios médicos

La operación a la que se someterá Thomas Vermaelen en los próximos días y que le tendrá fuera de combate entre cuatro y cinco meses más es un eslabón más en la cadena de oscurantismo informativo que afecta al FC Barcelona.

Si hace unos días escribíamos que con Luis Enrique el Barça ha aparcado la sana costumbre de hablar de fútbol que sí mantuvieron viva Guardiola, Vilanova y Martino, la falta de transparencia en lo que atañe a los servicios médicos del club se ha hecho perenne.

No mucho tiempo atrás, cuando un jugador se lesionaba aparecía la figura del Dr. Ricard Pruna para, en frío y aún en el estadio, establecer un primer diagnóstico y una fecha prevista de baja que, en la mayoría de ocasiones, resultaba escalofriante por certera. Hoy, la política comunicativa del área médica es inexistente o, peor aún, se limita a ese comunicado tópico que reza: “la evolución marcará la disponibilidad para los próximos partidos”.

El barcelonismo se ha acostumbrado ya a esa falta de información. La sufrió con las lesiones de Leo Messi y Carles Puyol y la sigue padeciendo hoy con los problemas del internacional belga, un fichaje cuestionado por varias razones, entre las que se incluye el precio pagado al Arsenal, club que debería bautizar uno de sus goles con el nombre del Barça.

Vermaelen, un central solvente y poderoso cuando está en forma, acabó lesionado el mundial de Brasil y aun así fue fichado por el Barça. Zubizarreta, acostumbrado a los palos, avaló su incorporación, pero no sabemos bien –ni mal– qué papel jugaron los servicios médicos para hacer lo propio. ¿Hubo informes que desaconsejaron su compra? Si los hubo, ¿quién autorizó su fichaje? Si no se redactaron, ¿quién asume la responsabilidad? ¿Se tuvo en cuenta el historial de lesiones del central belga y lo poco que jugó las últimas temporadas?

Demasiadas preguntas sin respuesta para un área, la de los servicios médicos, que representa mejor que ninguna la inexistencia de la transparencia en el Barça. Hoy no vale señalar solo a Zubizarreta, cuya labor merece seguramente muchas críticas. Alguien más está haciendo mal las cosas y urge que se den las explicaciones adecuadas. Sin excusas, porque en este caso no vale recurrir a las cláusulas de confidencialidad tan queridas por la junta directiva.

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