Vence Laporta, vuelve la anomalía

Joan Laporta vuelve a la presidencia del FC Barcelona gracias al apoyo de más de 30.000 socios. Los dueños del club confirmaron con la elección su voluntad de ruptura con uno de los períodos más negros en la gestión del club. Una tendencia reforzada por los 16.679 votos que recibió Víctor Font y con el ostracismo al que quedó relegado Toni Freixa, único vestigio del barto-rosellismo que acudió a los comicios, apoyado por 4.769 socios.

Desde que anunciara públicamente su intención de optar a la presidencia del Barça, Joan Laporta encabezó todas las encuestas, las publicadas y, sobre todo, las que el aficionado culé construía en su mente. Laporta representa para el barcelonista el recuerdo de una época que convirtió al club en un modelo a imitar, la memoria de un equipo insuperable capaz de ganarlo todo y que encumbró a Pep Guardiola como una leyenda de los banquillos.

Pero por encima de todo, el nuevo presidente es una anomalía, un tipo cuyo mérito principal fue lograr que alguien alejado del establishment se hiciera con las riendas del club por primera vez en su historia. Y lo logró contra viento y marea, cuando dos años después de iniciar su primer mandato bajaron del barco los herederos de la gente guapa que le acompañaban y que se encargaron, a partir de 2010, de demoler su proyecto hasta agrietar los cimientos económicos, deportivos, sociales y de imagen del club.

El hastío del socio culé ha llegado a tal punto que, después de votar deslumbrado por el ‘triplete, tridente’, ha decidido que era hora de dar una nueva oportunidad a aquel abogado del ‘Que n’aprenguin!’, seguramente porque es mucho más soportable pagar un tique de unos pollos a l’ast que la vergüenza ajena que genera el Bartogate a todos los niveles; el cruyffismo desacomplejado que la mediocridad del último presidente.

El momento que vive el Barça es tan histórico como delicado, hasta el punto que Leo Messi acudió a votar por primera vez en unas elecciones a la presidencia del club, en una imagen cargada de simbolismo de quien hace solo unos meses quería abandonarlo. No será fácil reorientar el rumbo de la entidad. Habrá que ver si quienes hoy se han visto sin juguete deciden echar una mano o prefieren, enrabietados, poner palos en las ruedas desde el minuto cero. No sería la primera vez.

Foto: FC Barcelona

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