Una foto muy cara

Josep siempre fue del Barça. Incluso sin ser socio, siguió al equipo durante años a través de la radio y de los pocos partidos que se televisaban. Creció viviendo, pensando, sufriendo y, de vez en cuando, ganando en blaugrana y con el tiempo, en 2004, logró hacerse socio del club. No tenía abono en el Camp Nou, pero le pudo más el deseo de sentirse dueño de algo que consideraba propio que la frustración por estar en una lista de espera en la que hoy, once años después, sigue inscrito esperando su turno.

Un par de años más tarde, Josep volvió a las oficinas del Barça para inscribir a su hija recién nacida como socia del club. Como tantos otros barcelonistas, corrió desde el Registro Civil hasta Arístides Maillol para que Marta compartiera su condición prácticamente desde el primer día. Y lo logró, porque a sus nueve años, Marta vive intensamente los partidos del Barça sentada en el sofá junto a su padre.

Una tarde, Josep pensó que sería una buena sorpresa para su hija hacer que uno de aquellos niños que se fotografiaban con el primer equipo antes de cada partido del Camp Nou fuera ella. Acudió a la web del Barça y leyó:

El FC Barcelona ofrece la posibilidad de que los socios más pequeños se hagan una foto con sus ídolos del primer equipo, en el momento antes de empezar un partido. Esta opción es sólo para socios entre 4 y 12 años en el momento de la inscripción.

El Club se pondrá en contacto con los padres o tutores de los niños para convocarlos y darles las instrucciones correspondientes, así como el día y hora del encuentro. Le recordamos que debido al gran volumen de solicitudes, hay un tiempo de espera de unos cuantos meses desde el momento de la inscripción hasta el momento de la fotografía.

La espera no importaba. Faltaban aún unos meses para el cumpleaños de Marta y Josep y su esposa decidieron que podría ser un buen regalo. Rellenó el formulario de solicitud, lo envió y se armó de paciencia.

Bastantes meses después, llegó una carta del FC Barcelona a casa. En ella, el club informaba a Josep del partido en el que Marta podría saltar al césped para fotografiarse con sus ídolos y le indicaba el lugar y hora en la que debían presentarse para cumplir el sueño de su hija.

foto

Todo parecía normal hasta que llegó al último párrafo y sintió como si le echaran por encima una jarra de agua fría. El texto decía así:

Asimismo, también les informamos que ni la niña ni su acompañante necesitan entrada para asistir a la fotografía con el equipo, pero sí para presenciar el partido después del acto.

Lo pensó un poco y comenzó a sentirse mal a medida que las preguntas sin respuesta invadían su mente.

¿Cómo iba a decirle a Marta que se haría la foto con Messi y sus compañeros y después se irían a casa sin ver el partido?
¿Por qué los niños más pequeños podrían ver el partido sin pagar y ella no por el mero hecho de tener 9 años?
¿Por qué no se explica que hay que pagar para ver el encuentro en el momento de cursar la solicitud?
¿Tanto le cuesta al club asumir el coste de invitar a los 25 o 30 socios infantiles el día que se hace esa foto?
¿Hay que recaudar dinero incluso con la ilusión de un niño mientras pides una renuncia expresa al uso que el club haga de la imagen?
¿De qué le sirve ser socio sin asiento desde hace más de diez años?

Cabreado, abrió su cartera, sacó la tarjeta de crédito, pagó los 100 euros que costaron dos localidades en tercera gradería del Camp Nou y se acordó de quienes premian la fidelidad al barcelonismo y el dinero pagado a fondo perdido con ese tipo de facilidades.

Marta vería el partido y tendría su foto. Una foto muy cara.

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