Una final lejos de Berlín

Ver una final de la Champions League que disputa tu equipo a 630 kilómetros de casa y a 1.630 de Berlín, el escenario del partido, es una experiencia extraña. Afortunado como he sido siempre con el sorteo de este tipo de entradas –es decir, cero–, decidí aprovechar el fin de semana para hacer una escapadita y me planté en Francia.

Tras asegurarme de que podría ver el partido en el apartamento (¡gracias, TF1!) sin ningún bar que gritara los goles tres segundos antes de verlos a causa de ese milagro digital llamado HD, pasé el viernes y el sábado deambulando por las calles de Burdeos, intentando decidir si lo mejor para superar el bochornoso calor era la bière pression o quedarse quieto a la sombra viendo pasar el tiempo y las bellezas bordelesas, que las hay y muchas.

En eso estaba cuando apareció ante mí un niño de apenas 6 años ataviado con la camiseta de Messi. Nada nuevo, pensarán. Error. Sería lo normal en Berlín, pero no lo era en una ciudad que acogía ese fin de semana las semifinales del Top 14, el campeonato francés de rugby, deporte nacional (ou presque) de los vecinos del norte. Y así, entre los fans de Toulon, Stade Français, Clermont y Stade Toulousain que inundaban cualquier rincón de Burdeos, que apareciera una minúscula figura vestida de blaugrana era poco menos que un milagro.

Berlín
Suárez, uno de los goleadores en Berlín.

Ocurre que la mente es muy suya y, del mismo modo que cuando uno espera un hijo sólo ve embarazadas por todas partes, cuando tu atención selectiva se vuelve azulgrana comienzan a emerger camisetas de esos colores. Primero una, luego otra, más tarde una tercera… y así hasta 17 en las horas que transcurrieron desde el desayuno hasta la cena del sábado. Sí, digo cena porque en Francia, a poco que te despistes y sigas rigiéndote con nuestros horarios, te encuentras una cuisine fermée que no se la salta Sergei Bubka.

Volviendo en el tranvía –otro día hablaremos del poco mercado de Rexona entre alguna gente– hacia mi tele, cargado de latas de Heineken en honor de la Champions League y sus patrocinadores, hice recuento de camisetas. Juventus 0, Barça 17, Real Madrid 1. Sí, ya sé que el Madrid no jugaba, pero sería injusto no decir que vi una camiseta blanca con el patrocinio de Teka cerca de la Porte Bourgogne.

Luego llegó el partido y todo lo que ya sabemos que ocurrió en Berlín. Y fue ese, precisamente ese, el único momento en que eché de menos estar en Barcelona, bajar a Canaletes (aunque hace años que no lo hago) y compartir con desconocidos la inexplicable alegría que un grupo de tipos vestidos de corto son capaces de transmitir dando puntapiés a un balón sin que nadie te mire con cara de pensar “tu est fou, mec“.

28 de mayo de 2016. Ya he apuntado la fecha. Ahora sólo me falta hacerme peñista. Sono quasi pronto, Milano!

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos