Una dimisión y dos escenarios

De confirmarse la dimisión de Sandro Rosell, se abrirían dos escenarios posibles en el FC Barcelona. Uno es el que indicaba esta mañana el periodista Xavi Torres, y que habla de una presidencia interina de Josep Maria Bartomeu hasta el mes de junio, cuando se convocarían elecciones de manera anticipada. El segundo escenario, recogido por Mundo Deportivo, coincide en el nombre del sucesor de Rosell (tal como marcan los estatutos del club), pero alarga su presidencia hasta 2016, cuando expira el mandato de la actual junta directiva.

La primera de esas hipótesis parece, a priori, la más normal cuando un proyecto se ve descabezado. Rosell era el líder de la junta, un personaje que desde el mismo momento de abandonar la directiva de Joan Laporta comenzó a preparar –apoyado por algún grupo de comunicación– su asalto a la presidencia del club de Arístides Maillol.

Esta junta es Rosell tanto como la anterior –y se vió en las últimas elecciones– era Laporta y poco más. Y la actual es tan Rosell, que heredó desde el primer día hasta su tradicional problema para comunicar a todos los niveles.

Pero, más allá del inexistente carisma de los posibles delfines, que podría suplirse con el poder económico y mediático de alguno de ellos (Vilarrubí, especialmente), existe otro factor muy a tener en cuenta a la hora de que la mejor decisión sea la electoral. Y es que la vía judicial no se detiene con la dimisión de Sandro Rosell.

La sombra de la extensión de la querella tanto a Bartomeu como a Javier Faus, algo que aún no se ha producido pero que seguramente llegará, volvería a poner en entredicho la figura del presidente del Barça y, si hubiera la más mínima coherencia, obligaría a volver a montar un número teatral como el de hoy.

El segundo escenario, no obstante, plantea una variante que pocos han contemplado: la económica. Cada cambio de presidente supone un espectáculo de interpretación financiera descomunal. Laporta –con Rosell junto a él, no lo olvidemos– cargó en el debe de Joan Gaspart gran parte de la deuda en aquellos escasos días de 2003 que contaron como un ejercicio completo. Sandro hizo lo mismo en 2010 con Laporta, dando pie a un sinfín de malabarismos numéricos donde Javier Faus y Xavier Sala i Martín llevaron la voz cantante. Unos malabarismos que acabaron de nuevo en el juzgado con la interposición de la famosa acción de responsabilidad social contra el anterior presidente.

Con la espada de la justicia siempre sobre las cabezas de la poltrona, la tentación de la actual junta directiva por agotar su mandato (incluso sin Rosell) es grande. Serían tres años en los que ordenar unos números y unos planes económicos y estratégicos para el club –como la reforma del Camp Nou– que la precipitación de una ética deserción en junio pondría en riesgo, no tanto para el club como para los directivos salientes.

La reunión de la Junta Directiva de esta tarde tiene como objetivo decidir cuál de esas dos situaciones deberá afrontar el Barça. En sus manos está poner en marcha, esta vez sí, una verdadera acción de responsabilidad. La que esperan los socios, todavía propietarios del club.

Foto: sport.es

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