¿Una comparación absurda?

A los Lakers se les debió quedar cara de poker, perdedor, cuando conocieron que los Cavaliers cerraban el pase de Andrew Bynum a los Bulls. Si el veinte de febrero no han logrado desatascar la marcha de Pau Gasol no solo verán volatilizarse veinte millones de dólares, sino que contemplarán como a final de temporada se quedan sin la posibilidad de sacar un rédito a la marcha de un jugador que, siendo agente libre, podrá negociar su futuro como más le convenga.

Pau, dicen, suspira por seguir en Los Angeles. Kobe Bryant proclama abiertamente su deseo de que se quede pero su permanencia, a pesar de su ascendente en el equipo, se antoja difícil por cuanto la franquicia californiana parece estar por la labor de regenerar un vestuario en el que solamente Bryant es intocable.

La NBA, el deporte profesional en Estados Unidos, es un mundo difícil de comprender desde una perspectiva europea. Salvando las distancias podría establecerse una comparación con el Barça y cambiar a Gasol por Iniesta. Siendo Messi (ya advertimos que hay que entender las diferencias, por la edad mismamente) el Kobe del Camp Nou, ¿podría entenderse que el club decidiera prescindir de Iniesta en vez de renovarle?

¿Cómo reaccionaría el entorno? ¿Y los medios? ¿El jugador? Si Iniesta quedase libre, incluso, podría firmar por el Real Madrid. Y ese escenario ni tan solo puede imaginarse. Hace diez años a Shaquille O’Neal le invitaron a marcharse de Los Angeles y fue a parar a Miami, por entonces rival directo. Acabó su carrera en los Celtics, que debe ser considerado el rival por antonomasia de los Lakers… Y sin embargo su número 34 fue retirado de la circulación, como homenaje, en la franquicia de California. Inimaginable. Desde luego.

Pau Gasol llegó a los Lakers con 28 años, en plenitud y tras seis temporadas y media en Memphis. Ganador de dos títulos de la NBA y considerado como uno de los mejores jugadores europeos que jamás han disputado la NBA, su ascendente en Los Angeles ha menguado de forma continuada en los dos últimos cursos, hasta el punto que el contrato que firmó ha acabado siendo una rémora. Agradecimientos todos, pero a partir de ahí el negocio es el negocio y el futuro no sabe de romanticismos.

Puede que a los Lakers la jugada les acabe saliendo bien. O puede que no. Pero lo que es indudable es que pensando en el futuro, en Estados Unidos nadie se planta en el presente. En su momento nadie se rasgó las vestiduras por la marcha del inmortal Joe Montana de San Francisco o de Albert Pujols de Saint Louis.

Y parece claro que con Pau Gasol ocurrirá, tarde o temprano, lo mismo. Aquí, en Europa, en Barcelona, se piensa de una forma totalmente distinta. El futuro se sigue planteando en clave de presente. Por mucho que en realidad se dude del acierto de ciertas decisiones.

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