Con frecuencia, generar demasiadas expectativas en algún acontecimiento acaba por producir una sensación de decepción entre la concurrencia. Y eso fue lo que ocurrió en el debate celebrado anoche entre los cuatro candidatos a la presidencia del FC Barcelona.

Se esperaba la cita con tantas ganas, que las dos horas de duración del debate acabaron por dormir a las ovejas, que apenas dieron algún respingo ocasional que no evitó el triunfo del tedio.

Bartomeu entró en el plató montado en el Camp Nou con la vitola de miedoso, ganada a pulso por rehuir una y otra vez la confrontación de ideas y oratoria con el resto de candidatos. Vista su actuación, que comenzó al ataque, siguió encajando golpes pese a tener la guardia alta y terminó con cara de pánico cuando el Mateu Lahoz del debate señaló el final del partido, uno tiene la sensación de que el catenaccio del todavía favorito le funcionó. Bartomeu salió a no perder las elecciones y aunque seguramente se dejó algunos votos en el camino, sigue al frente de las encuestas. Si es que algún día conocemos alguna, claro.

Y lo hace por el sorprendente papel de Joan Laporta, que desterró su vehemencia habitual para mostrar una faceta que, por suave, se tornó gris. Comenzó flojo Jan, aunque poco a poco fue metiéndose en el papel con una piel de cordero que perseguía, no sabemos si con éxito, captar el voto de los indecisos. Laporta tiene una masa de incondicionales a los que no tiene que convencer de nada, pero también una igualmente numerosa cantidad de detractores –muchos de ellos con altavoz mediático– de los que no sacará ni un solo voto. Su batalla está en otro lado y habrá que ver si su actuación de ayer le permite recoger sus frutos.

Agustí Benedito saltó al ring algo tenso, pero tuvo acierto al endosar algunos ganchos de izquierda al mentón de Bartomeu que estuvieron a punto de dar con los huesos del expresidente sobre la lona. Seguramente abusó Benedito de los fuegos artificiales, pero resulta irremediable pensar que en gran parte del debate no se atrevió a subir de marcha. Un error si tenemos en cuenta que cuando se aflojó el corsé y se dejó ir vimos que tiene fuste para llegar bien y transmitir su mensaje.

Mucha gente coincide en que Toni Freixa fue la sorpresa del debate y alaba sus propuestas y su forma de desenvolverse ante las cámaras. Seguramente la tiene, pero no le va a resultar fácil librarse de un sambenito –ganado a pulso, todo hay que decirlo– de brazo armado del rosellismo más hostil contra la junta anterior mientras habla de que su idea es acabar con los famosos ismos.

Pasó el debate y todo sigue igual. Las redes sociales son un hervidero de opiniones inútiles de fanáticos de unos y otros, pero nadie sabe a ciencia cierta qué votará la masa social del Barça. El sábado se esperan temperaturas altas y una participación baja, por lo que resulta más importante que los candidatos sean capaces de movilizar a sus seguidores, porque tiene uno la impresión de que muchos de los indecisos, ante la indecente ausencia de fútbol que estimule el voto, preferirán irse a la playa.

Foto: Sport.es