Un buen Barça acusa la falta de gol

El Barça no fue capaz de derrotar al Benfica. El empate a cero en un más que decente partido del equipo sabe a poco, deja al equipo segundo en la tabla y con una enorme empresa que acometer en tierras bávaras.

La lluvia y el frío no fueron los únicos invitados que recibieron a Benfica y Barça en el encuentro que debía decidir el futuro de ambos equipos en la Liga de Campeones. También se cernían sobre el Camp Nou el peso de las bajas, la fuerza de la ilusión por el nuevo proyecto o la inseguridad generada por la pesada mochila de los últimos meses, donde cabía de todo menos fútbol.

Los locales saltaron al césped con una alineación en la que destacaba la presencia de tres centrales y la incógnita de la posición de Jordi Alba, a quien unos colocaban de extremo, otros en el centro del campo y un tercer grupo hablaba de un esquema mutante donde el lateral sería dueño de toda la banda izquierda.

En realidad, daba lo mismo, porque el equipo de Xavi, en solo dos partidos, ha demostrado que es posible jugar bien al fútbol y dominar los partidos incluso careciendo del premio máximo el fútbol: el gol.

La primera media hora del Barça fue exquisita, con llegadas de Demir y Alba por las bandas y un omnipresente Nico que controlaba el juego desde el interior, el centro del campo, el extremo y, de habérselo propuesto, también desde la tercera gradería del estadio. Aun así, el guardameta benfiquista solo tuvo que emplearse a fondo para despejar sendos disparos de Jordi Alba y Demir, que también estrelló una preciosa rosca en el larguero justo antes del descanso. En la otra portería, Ter Stegen solo debió emplearse para despejar con el pie un balón que se colaba tras un lanzamiento de esquina.

Tras la reanudación, el equipo local comenzó a acusar el ritmo de la primera parte, pero aun sí dispuso de ocasiones para batir al portero rival. Primero Memphis, en el minuto 57, cuando solo ante Odysseas vio su disparo desviado a córner. Hasta que llegó el punto de inflexión: la entrada de Dembélé.

El francés entró en el minuto 65 y en dos minutos logró, él solo, hacer retroceder al Benfica, desbordando una y otra vez a Grimaldo y luego a su pareja de baile cuando Jorge Jesus le puso dos jugadores encima. Aun así, el talento natural para el desborde del extremo desarboló a una defensa que cada vez estaba más cerca de su portero.

A falta de cuatro minutos para el final, Ronald Araujo enganchó un buen remate que perforó por fin la portería lusa, pero el árbitro anuló el tanto por un fuera de juego claro. El marcador parecía predestinado al 0-0 por el carácter romo de la delantera del Barça, pero también por la inexcusable falta de acierto de los portugueses en las dos últimas contras en las que pudo tumbar al conjunto local.

Pocos entrenadores disputan una final en su segundo partido al frente de un equipo. Xavi Hernández tuvo que hacerlo sabiendo que el encuentro no daba títulos, pero que sí podría servir para poner los cimientos de una reconstrucción tan necesaria como urgente tras el inexorable proceso de autodemolición institucional y deportiva de los últimos años.

Ahora toca ir a ganar al Allianz Arena, seguramente una quimera teniendo en cuenta el nivel del Bayern. Y lo más probable es que el equipo blaugrana quede eliminado de la Champions League, pero no será culpa del técnico actual, que ha demostrado en solo 180 minutos que aquello del “es lo que hay”no era más que una cobarde excusa.

Foto: FC Barcelona

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