Un Barça muy gris se agarra a la Champions

Tenía el Barça que ganar al Dinamo de Kiev para seguir respirando en la Liga de Campeones. Ganar y confiar que la lógica se impusiera en el otro partido del grupo, que enfrentaba a Benfica y Bayern de Múnich. Y ganó. Aburriendo al personal con un juego muy gris, pero ganó.

Sacudió Koeman la defensa, donde Sergi Roberto dejó su sitio a Mingueza y Èric García a Lenglet, insistió en su solución de emergencia para la banda de ataque probando de nuevo a Sergiño Dest como extremo y, sobre todo y mirando de reojo el clásico del domingo, dejó a Ansu Fati en el banco para elegir a Luuk de Jong como acompañante de Memphis en la delantera.

La primera parte del Barça fue más de lo visto en muchos de los partidos: ataques estáticos inmóviles, pocos desmarques de los interiores, un ritmo de balón muy bajo y un Luuk de Jong lento, torpe y fallón en las situaciones más claras, esas que no debe fallar nunca un delantero centro. Un equipo sin plan definido en busca de un salvavidas.

Resistía el equipo ucraniano sin agobios, pero también sin inquietar a Ter Stegen, espectador de lujo durante los primeros 45 minuto cuando apareció Ansu Fati. Su salida a calentar en la banda despertó a los 45.968 espectadores que se acercaron al Camp Nou y, sobre todo, pareció resucitar por un momento a sus compañeros. Transcurría el minuto 36 de partido cuando Piqué hizo lo que no supo hacer Luuk y mandó a la red un excelente centro de Jordi Alba. El Barça abría la lata, marcaba su primer gol en la competición y tomaba aire para afrontar el desenlace del encuentro con más tranquilidad.

Tras el descanso, la entrada de Ansu Fati y Coutinho mejoró ligeramente al equipo, mejor posicionado y con una presión alta más organizada y efectiva. Fue precisamente en una presión de Ansu sobre Bushchan cuando llegó la segunda gran oportunidad del equipo local. El canterano aprovechó el intento del portero por salir jugando para robarle el balón y, ya a puerta vacía y con Busquets a su lado, adornarse para finalmente rematar fuera.

La chispa duró poco, apenas el tiempo que Lucescu tardó en convencer a su equipo de la existencia de la portería rival. Sin peligro, pero sin pausa, el Dinamo dio un paso adelante al que respondió Koeman sustituyendo a Gavi por Sergi Roberto para reforzar una banda derecha en la que Dest sobrevivía sin apuros, pero también sin brillo.

Con el equipo demasiado atrás y sin posesión de balón, el reloj parecía ser el único aliado de un Barça a quien se le acostumbran a hacer largos los partidos. Ni la salida del Kun Agüero por un Memphis que lo ha jugado todo terminaba de intimidar al Dinamo, que se olía la inquietud en el ambiente.

Los tres puntos representan un alivio momentáneo para un conjunto que no da con la tecla y que, frente a un rival de más entidad, lo habría pasado mal. Solo Busquets brilló hoy en un equipo que otea la llegada del Real Madrid y está obligado a ganar en Kiev si quiere mantener las esperanzas de una clasificación que es lo mínimo exigible y que aliviaría las vacías arcas del club. No hacerlo sería añadir un clavo más al ataúd de un equipo tan en la ruina como la institución.

Foto: FC Barcelona

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos