El último gran partido

Los dos mejores partidos del Barça desde que lo entrena Gerardo Martino han sido el primero y el último. El debut en la Liga, con aquella apabullante victoria frente al Levante, despertó unas expectativas que hacían pensar en un equipo que había recuperado el espíritu de lucha, la presión avanzada, el ritmo rápido del balón y el movimiento constante de sus futbolistas.

Lamentablemente, esa sensación fue diluyéndose con el paso de los partidos a pesar de los incontestables números de un Barça líder en la Liga y también en Europa. Martino siempre esgrimió un argumento: las victorias crean el entorno idóneo para ir mejorando el juego. El problema es que desde aquel 7-0 endosado al once granota a mediados de agosto sólo se cumplía una parte de la frase: el equipo ganaba, pero no mejoraba.

Quienes conocen la trayectoria del Tata han dicho desde el primer día que el equipo acabaría jugando bien y que lo único que necesita la afición culé es tener paciencia. Martino lucha contra el fantasma del mejor equipo de siempre y contra sus viudas, y esa no es una batalla fácil de ganar. Es más, está perdida de antemano.

Ayer, en un partido sin más trascendencia que el dinero y el prestigio, el equipo se soltó y recuperó parte de aquello que mostró hace ya más de tres meses. Los jugadores tocaban y se ofrecían, querían el balón, achuchaban a la defensa del Celtic obligándola a jugar al patapum p’arriba (que diría Javier Clemente) y lograron animar al poco público que se dio cita en el Camp Nou.

Las portadas de hoy son para Neymar por sus tres goles y su gran actuación, pero gran parte del secreto del buen encuentro de anoche reside en dos futbolistas del centro del campo. Uno está siempre, perenne como las hojas de un abeto, y se llama Sergio Busquets; el otro, Sergi Roberto, no está casi nunca y no por falta de méritos. Su trabajo de ayer logró resucitar a un Xavi bastante acostumbrado este año a ver pasar el balón a su lado, cuando lo que él realmente sabe hacer es mimarlo y emplearlo como una pieza de Lego para construir el mejor fútbol nunca visto.

A la espera de confirmar esas buenas sensaciones en los próximos encuentros, Leo Messi -ese «señor al que se le revisó el contrato hace unos meses»- continúa trabajando en Argentina, acompañado ya por Elvio Paolorosso y, desde hoy, también por el Dr. Ricard Pruna. Las informaciones que llegan desde allí hablan de la práctica desaparición de la lesión en su biceps femoral, por lo que entra ya en la última fase de recuperación. Y ese es, si cabe, un partido mejor que el de anoche.

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