Triple asedio al Tata

Desde que estallara la enésima crisis deportiva del Barça en lo que va de temporada, esta vez en Anoeta, se acrecientan los rumores de que Gerardo Martino ha tomado la decisión de marcharse del club en mayo. Uno se pregunta si esto puede ser cierto cuando desde la directiva no cesan de anunciar una próxima extensión del contrato del rosarino (hasta 2016). Aunque también juraban que lo de Neymar era limpio y «legalisísimo»…

Esté tomada o no la decisión del Tata de irse, lo que sí está claro es que no extrañaría nada que fuese verdad. Desde que en la jornada 2 del campeonato de Liga el equipo fuese incapaz de ganar por más goles de los que marcó en la jornada 1 (el 7-0 al Levante), al míster no se le ha dado ni un minuto de respiro. Tres frentes abiertos mantienen por turnos un asedio constante sobre la figura de Martino, a saber: la prensa, la directiva y el vestuario.

Las ruedas de prensa del argentino están siempre salpicadas de injustas comparaciones con sus antecesores en el cargo, olvidando que ni las plantillas son las mismas, ni el hambre, ni los rivales, ni nada. A la mínima que ha pisado en falso en alguna declaración se le ha atizado, y constantemente se le achaca no ser fiel al sistema del tiki-taka (al mismo tiempo que se le piden planes B). Recuérdese que no había puesto ni un pie en Barcelona y ya se le acusaba falsamente de ser el «elegido» del príncipe mimado, Messi. El Tata no entiende la especial ideosincrasia de la prensa española, en la que la palabra crisis adorna todas las páginas, y menos aún el entorno mediático catalán.

En cuanto a la directiva, no tardó mucho en comprobar que una cosa son las buenas palabras hacia fuera y otra, muy distinta, cómo funcionan las cosas hacia adentro. La primera estocada fue el tema del central. Se rumorea que cuando fue a pedir uno para el mercado de invierno, le dijeron «Ahí tienes a Puyol«. No contentos con eso, le obligaron a decir que la idea era suya. Tampoco le gusta al entrenador el sistema de ascenso por el escalafón de los canteranos, pero ese tema es innegociable en el Barça. Como colofón, el propio Martino ya confesó que ni él ni su cuerpo técnico están teniendo nada que ver en la planificación de las altas y las bajas para el año que viene. Esto, lejos de ser una falta de confianza en él, podría tener más que ver con el hecho de que desde que se empezó a acometer el fichaje de Neymar en 2011 se hipotecó seriamente la confección de las plantillas de los siguientes cuatro años. No hay un duro para revoluciones.

Por último, la relación con el vestuario no ha sido todo lo ideal que se quiere dar a entender. Aunque ha tenido que tragar, al Tata no le ha hecho ni pizca de gracia la actitud (o la falta de ella) de algunos de los pesos pesados. Ciertos jugadores se saben titulares en los partidos importantes porque la plantilla es corta en algunas posiciones. Para remate, el episodio vivido con Xavi en Anoeta. Precisamente el día en que Martino falla y más necesita el apoyo de sus capitanes ante los pies de los caballos a los que se le arrojaría después, el egarense protagoniza un pequeño motín negándose a seguir calentando cuando quedaban 10 minutos de partido. El rosario de caras largas con las que Xavi obsequió a las cámaras de televisión fue lamentable, igual que su gesto de pasotismo hacia Altimira cuando el técnico le preguntó por qué paraba.

El Tata ya sabe lo que hay, y lo que hay no comulga con su idea de llevar la profesión que ejerce. Soportar el incesante goteo de críticas y desaires forma parte de lo que significa dirigir a uno de los mejores clubes del mundo, pero en este país, en este club, las vueltas de tuerca son demasiadas. Puede que ni los títulos, ni Messi, ni los polos pistacho de El Corte Inglés sirvan para retenerlo.

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