Tommy Caldwell y Kevin Jorgeson liberan el Dawn Wall

“No se trata de conquistar, sino de la realización de un sueño” escribía en su cuenta de twitter Kevin Jorgeson momentos antes de completar una de las mayores hazañas de la historia de la escalada libre junto a su compañero de cordada Tommy Caldwell.

Finalmente tras más de siete años de preparación y 19 días colgados de una inmensa pared lisa de 914 metros de altura, los dos escaladores llegaron, ayer miércoles 14 de enero, a la cima del Capitán en el Parque Nacional de Yosemite en California (Estados Unidos), por la ruta más difícil y nunca antes abierta: el Dawn Wall (9a/5.14d). Este big wall, considerado el más duro del mundo, consta de 32 largos, con dos de ellos de dificultad 9a, The First Traverse (L14 y L15), que en 2010 ya impidieron al propio Caldwell proseguir con el muro. Esta vez fue la vencida, como él mismo explicaba en su muro de facebook, “el largo más duro ha sido encadenado por ambos esta noche. Estoy en estado de shock ahora mismo. La vía se está cobrando un gran peaje en nuestras yemas, pues estamos escalando con los dedos vendados, pero no parece que ello nos esté ralentizando demasiado. ¡Oh yeah!”.

Tommy Caldwell and Kevin Jorgeson

19 días de ascenso que les ha llevado a dormir en tiendas de campaña colgadas al vacío, o simplemente descansar, puesto que la mayor parte de los largos los realizaban por la noche para escapar de las altas temperaturas del Valle durante las horas de sol, usando solamente cuerdas y arneses por seguridad pero no para progresar.

El desgaste sufrido tanto física como mentalmente era enorme, como demostraban los comentarios que compartían ambos escaladores en las redes sociales. “En mi cuarto intento, alrededor de las 11 de la noche, los afilados agarres desgarraron tanto el esparadrapo como la piel de mis dedos. Con lo decepcionante que es, estoy aprendiendo nuevos niveles de paciencia, perseverancia y deseo. No me voy a rendir. Lo intentaré otra vez. Lo conseguiré” explicaba Jorgeson mientras intentaba superar el largo 15 de dificultad 9a, un grado menos de la máxima en escalada, que consiguió finalmente tras once intentos y siete días, mientras Caldwell, esta vez, lo había conseguido a la primera.

dawn wall yosemite

La aventura de estos dos escaladores ha despertado mucho interés, tanto que los últimos cuatro largos fueron transmitidos en directo por Internet y un centenar de personas se dieron cita a los pies del Capitán para ver en directo el desenlace final. “Es como un circo”, explicaba el escalador Alex Honnold a su llegada al parque con la intención de esperar a sus amigos en la cima del Capitán. “Es escandaloso. Es algo que no he visto en mi vida en el valle. Estamos a mediados de enero, y no era capaz de encontrar un aparcamiento”.

Honnold, un habitual escalador en Yosemite y compañero de cordada en múltiples ocasiones de Caldwell, explicaba que por ahora no tiene planes de intentar esta nueva ruta. “Es casi seguro que será un proyecto que me llevará varios años a mí también”, aseguraba el especialista en solo integral, ascensos sin ningún tipo de protección. El pasado año a estas alturas de temporada, Honnold había conseguido completar uno de los retos más ambiciosos y difíciles del mundo de la escalada: El Sendero Luminoso, en Potrero Chico, México. Una pared de 500 metros de piedra caliza con dificultades de hasta 7c que escaló en solo integral en poco más de tres horas mientras la mayoría de escaladores necesitan dos días para ascenderla.

yosemite

Honnold y Caldwell partían un mes después hacia Sudamérica para completar la travesía del Fitz Roy, una cordillera de 5 kilómetros y 4.000 metros de escalada situada en la frontera entre Argentina y Chile, en la Patagonia. Lograron ascender los siete picos que conforman el famoso cerro, también conocido como el Chaltén, en otro de los retos más complicados en el mundo de la escalada.

Minutos después de llegar a la cima del Capitán y tras los pertinentes abrazos de celebración y de brindar con champagne, Tommy Caldwell y Kevin Jorgeson concedieron una entrevista al periodista John Rama de The New York Times. En ella explicaban que a pesar de ser conscientes de la repercusión que estaba teniendo su reto les sorprendía la “cantidad de coches que hay en el prado. Cada día a las 4 de la madrugada ya había gente iluminando la base de la montaña. Teníamos algo de información de lo que estaba pasando allí abajo”, aseguraba Caldwell.

Ambos escaladores coincidían en que les gustaría que este interés suscitado sirviera para que “abriera las mentes de la gente hacia lo increíble que es este deporte”, explicaba Caldwell. “Creo que la concepción de la mayoría de la gente es que somos amantes de la adrenalina, que lo hacemos para conseguir un subidón. Realmente no lo somos en absoluto. Se trata de pasar nuestras vidas en estos hermosos lugares y formar estas conexiones increíbles con amigos y familiares. Es realmente un estilo de vida. Es súper sano, y el mundo de la escalada es de lo más excitante y con grandes personas alrededor. Y si ese amor puede extenderse, eso es realmente lo importante”.

Por su parte, Jorgeson afirmaba que “espero que inspire a la gente a encontrar su propio Dawn Wall, si quieren. Hemos estado trabajando en esto desde hace mucho tiempo, de forma lenta y segura. Creo que cada uno tiene su propio Dawn Wall secreto para completar un día y, tal vez, pueda poner este proyecto en su propio contexto”.

Kevin Jorgeson

Sin duda, mantener con vida un proyecto durante siete años, en los cuales han combinado periodos de actividad cada uno por su lado con largas temporadas con alguna que otra lesión, demuestra que son muy constantes, lo que les ha servido para poder dedicar 19 días ininterrumpidos a superar un muro de casi un kilómetro de distancia usando solamente sus pies y sus manos. “Soy bastante terco”, afirmaba Jorgeson mientras su compañero explicaba que “yo simplemente no quiero renunciar. Soy demasiado optimista”.

En la mayoría de los largos Caldwell se mostraba mucho más ligero que su compañero, superando muchos tramos a la primera mientras Jorgeson necesitaba más de una repetición e incluso algún día entero para superar según que largo. “Para mí, fue muy, muy bien, en realidad. Yo estaba volando alto desde el principio. Sentía como si fuera una nueva subida en comparación con los últimos siete años. Pero es mucho más, y es algo tan desalentador, así que nunca sabes lo que va a suceder. Nunca he tenido un momento así y lo estoy perdiendo. Se está escapando”.

Jorgeson trataba de “no quedarme demasiado tiempo dudando, pero definitivamente tenía dudas. Igualmente funciono mejor como escalador cuando me marco a mí mismo como un perdedor y rebajo la presión sobre mi mismo un poco. Realmente ayuda. Incluso esta mañana, en los últimos cuatro largos, el método que utiliza Tommy no funcionaba para mí, y yo no sabía si había otra manera. Yo estaba como sino fuera capaz de subir el Dawn Wall por culpa de un 7b (5.12). Empecé a desanimarme un poco. Pero encontré mi propio camino y lo hice funcionar. No fue hasta la base del último largo que realmente sentí que estaba en la cima”.

Todavía con el brillo en los ojos, abrazados a sus respectivos familiares, ambos escaladores disfrutarán unos días más del Yosemite, tratando de saborear todo el esfuerzo realizado.

Historial de largos: L1 7b, L2 7c+, L3 8a+, L4 7b, L5 7c, L6 8a+, L7 8b+, L8 8b, L9 8a+, L10 8b+, L11 7b, L12 8c (Molar Traverse), L13 7c, L14 9a (The First Traverse), L15 9a (segundo de The Grand Traverse), L16 8b+ (Loop Pitch, por T. Caldwell en dos largos 6c+ y 8b+) o 8c+ (Dyno Pitch, por K. Jorgeson), L17 8a+, L18 8a+, L19 8a+, L20 8b, L21 7b+, L22 5c, L23 6c, L24 6c, L25 7a, L26 6c+, L27 7b+, L28 7b, L29 7b, L30 7c+, L31 7b.

Fotos: The New York Times

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