Cuando tras la enésima derrota en Anoeta, Josep Maria Bartomeu decidió prescindir de Andoni Zubizarreta y anunciar la convocatoria de elecciones a la presidencia del FC Barcelona, fueron muchos los que vieron en la destitución del exportero azulgrana la figura de un cabeza de turco ideal para una junta directiva que andaba a la deriva.

Zubi fue criticado duramente –también desde estas páginas– por sus errores a la hora de incorporar elementos a la defensa (Douglas, Mathieu o Vermaelen son tres buenos ejemplos de ello), pero sería injusto reconocer su enorme visión cuando le echó el ojo a un joven portero del Borussia Mönchengladbach y lo trajo al Camp Nou. Tenía 22 años y respondía al nombre de Marc André ter Stegen.

Relegado a la suplencia de Claudio Bravo (otro buen fichaje de Zubizarreta) durante su primera temporada y considerado hoy como uno de los mejores guardametas del mundo, Ter Stegen es el mejor legado que el portero del Dream Team podía dejar tras su paso por la secretaría técnica del Barça.

Se ha dicho siempre que entre las cualidades que debe reunir cualquier portero azulgrana figura el dominio del juego de pies, siendo como es el guardameta el primer elemento del juego de ataque del Barça. Un arte, el juego de pies, que Ter Stegen domina de forma casi ambidextra y que le ha convertido, pese a algún que otro susto inicial, en toda una garantía para sus compañeros.

Messi mata y Ter Stegen resucita

Y claro, a un portero se le pide sobre todo que pare los balones que le llegan, que dé puntos. Y es ahora, cuando la solidez defensiva del Barça de Valverde brilla por su ausencia, cuando Ter Stegen para y da puntos. Tanto para, que ante la falta de juego habitual resulta difícil resistirse a reducir la supervivencia del equipo a las actuaciones de Leo Messi y a las atajadas del portero alemán. La ecuación, a la espera de mejora, es clara: Messi mata y Ter Stegen resucita.

Tras la lesión del argentino, el Barça afrentará el doble enfrentamiento con el Inter de Milán y el clásico sin el mejor de siempre. Valverde tendrá que recolocar el equipo y adaptarse a esa nueva situación. Y mientras espera que Piqué y Lenglet den el callo, Umtiti regrese del Mundial, Rakitic se entone y Dembélé deje de lado el pasotismo que mostró el sábado frente al Sevilla, el técnico sabe que tiene bajo palos una garantía llamada Ter Stegen. El legado de Zubizarreta.

Foto: Weloba