Tata Martino, ¿el Roura argentino?

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Cuando la pasada temporada Tito Vilanova recayó de su enfermedad, el Barça optó por la solución más natural, a la vez que temporal, la que mantenía el orden establecido, como fue otorgar las riendas del equipo a Jordi Roura.

El resultado de aquella decisión ya sabemos el que fue: un equipo que se dejó ir, sin liderazgo, sin trabajo, con la sensación de que el mando del equipo residía más en el núcleo duro del vestuario que no en el cuerpo técnico y con una plantilla que perdió competitividad y que culminó el declive en la eliminatoria de Champions ante el Bayern. Aun así, la inercia de la primera mitad de la temporada permitió conseguir el título liguero con el récord de puntos.

Tras la renuncia definitiva de Tito este verano, Sandro y Zubi tenían que elegir entre mantener la misma línea o bien optar por un nuevo modelo que, sin ser rompedor del estilo actual, sí supusiera un punto y aparte con el inicio de un nuevo proyecto que empezara a cambiar factores y jugadores del modelo actual, que tantos éxitos nos han dado, pero que llevan dando evidentes síntomas de desgaste y de agotamiento, desde la cumbre que supuso la final de Wembley en 2011.

Porque en aquel verano del 2011 el Barça tuvo la oportunidad histórica de regenerarse desde la victoria y no desde la derrota, como tradicionalmente ha sucedido. Pero no sólo hemos dilapidado dos años para hacerlo, sino que vamos camino de un tercero.

Porque, por lo visto hasta la fecha, la contratación del Tata Martino parece ser un paso más en la línea de mantener el statu quo iniciado con Roura, donde el entrenador sigue más la línea marcada e impuesta por los jugadores y no al revés. En este primer mes de trabajo del Tata, nada ha cambiado respecto a los años anteriores; las vacas sagradas siguen disfrutando de todo el protagonismo a pesar de mantener su rendimiento tan inferior al de años anteriores (Xavi, Piqué, Pedro…), los jóvenes no es que hayan perdido protagonismo, sino que ni lo tienen (Bartra, Sergi Roberto, Montoya…) y la famosa presión tan anunciada por el Tata sólo apareció fugazmente el día del Levante, pero se ha ido con la misma celeridad que lo hizo el año pasado tras el 4-0 ante el Milan.

Y a dos días del cierre del mercado de fichajes, el único fichaje realizado es Neymar, a pesar de que existen muchos argumentos para haber acometido varias incorporaciones, como tener un portero con la fecha de caducidad marcada desde hace un año, un central de 35 años que lleva tres encadenando lesión tras lesión, otro central acumulando ya dos años de bajo rendimiento deportivo y físico, como haber perdido al centrocampista más prometedor para el futuro inminente o como tener a dos extremos incapaces de desbordar a nadie.

Pero ninguno de esos argumentos han sido lo suficientemente importantes para que Zubi haya abordado este año la renovación deseada y necesaria. Y en este punto nos encontramos, con la misma plantilla que en los últimos años, con más edad y menos ambición, sin jugadores que la renueven y con un entrenador que, de momento, parece más preocupado de mantener el orden establecido -especialmente con el núcleo duro del vestuario- que no de comenzar un nuevo proyecto que devuelva al Barça a la senda de la competitividad que durante la época de Pep y el medio año de Tito nos caracterizó.

En tus manos está, Tata, seguir la línea de Roura o seguir la tuya propia. La primera no va reñida con los títulos, como ya se vio el año pasado y en la presente Supercopa, de ahí el gran peligro, pero la segunda es la vía hacia la sostenibilidad deportiva del Club en los próximos años y la vía hacia tu excelencia como entrenador.

Tata, es tu turno.

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