Tallón y el fútbol es así

Alguien diría que su prosa, la de Juan Tallón, es precisa y jocosa. En realidad es quirúrgica, vistosa en los ritmos y las pausas, rica en las citas y absorbente en los contenidos. Sus palabras ofrecen atajos y salidas y se mueven de la mejor de las maneras en los terrenos de la ironía. Abruma Tallón con la uso de las referencias y eso convierte su escritura en única, en una ‘rara avis‘ dentro del panorama literario. Al Tallón cronista de fútbol lo descubrí durante las colaboraciones que realizó en JotDown con motivo del pasado Mundial y desde entonces lo he ido buscando, aquí y allá, para cerciorarme de que estaba en lo cierto.

Acabó por convencerme después de leer su ‘Manual de fútbol‘, una exquisitez cronopia ‘madeinOurense‘, que lo subtituló como un libro fuera de juego. En ese librito de apenas 127 páginas, y que es de obligada lectura para periodistas y futboleros, está todo lo que siempre quisimos saber y nunca nos atrevimos a preguntar sobre fútbol. Habla sobre el Balón, Mr. Balón, de la portería «que es tu casa«, del área y del córner, «la típica zona en la que recibes un navajazo desapercibido«. Considera que la grada es «el único refugio para el hombre común«, habla del banquillo y se refiere a Hitchcock y cuando se refiere a los vestuarios le vienen a la memoria aquellos santuarios ‘vintage‘ de la Inglaterra de los sesenta.

tallon

Después de pasar a lo largo de los capítulos por la indumentaria, el gol, la falta, el penalti, la tarjeta, el fuera de juego, el tiempo reglamentario o el resultado, Tallón acaba su ‘Manual de fútbol‘ hablando de la crónica. Dice que el periodismo «cuando es del bueno, del que te hace vibrar con la elección de los verbos» es cuando el periodista «acude en corbata al partido porque el fútbol merece un buen traje, te redime incluso del mal fútbol«.

Y tiene razón.  Tallón es capaz de hacer compartir un párrafo a Cruyff con Hegel y nada rechina, porque en su prosa todo está milimétricamente calculado sin que en apariencia nos demos cuenta del truco.

Hace muchos años, en Ourense, el periódico local contaba con un redactor que compaginaba su trabajo, especialmente mal pagado, con el arbitraje, que a veces, cuando tenías que escapar por el ventanuco del vestuario, ni se remunerba. El tipo arbitraba en segunda regional y cuando finalizaba el encuentro se pegaba una ducha rápida, si había agua caliente, o a agua a secas, se vestía y elaboraba la crónica del partido para el diario. Después de un domingo desastroso, con numerosos penaltis no señalados, sintió que debía ser honesto con el lector desde la primera frase, y comenzó su crónica declarando: ‘Desastroso arbitraje en el estadio del Malecón…’. El horror del arbitraje quedó compensado por la honestidad y belleza de la crónica.

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