El pisotón de la vergüenza

El fútbol americano es un deporte de contacto. Puedes parar al rival de muy distintas maneras y prácticamente todas ellas legales: desde un brusco golpe lateral que lo envíe rodando fuera de banda a un tackle frontal que sacude todos los huesos del jugador, pasando por un abrazo que es de todo menos cariñoso. Es santo y seña del deporte rey en los Estados Unidos y los famosos highlights están inundados de los golpes más violentos.

Hasta ahí, bien. Hay ciertas acciones, como hacer la traba a un contrario, agarrar del cuello de la camiseta o golpear en la cabeza a un rival indefenso que están penadas por el reglamento. Algunas de ellas incluso con sanciones económicas, como es el caso de golpear a un quarterback segundos después de que este ya se haya desprendido del balón. La NFL actualiza sus normas cada año y la tendencia es cada vez más clara a incrementar la seguridad de los jugadores.

¿Es la seguridad lo que mueve a la NFL? Casualmente, todo este énfasis en proteger a los verdaderos dueños del deporte se viene produciendo desde que la Liga tiene que batallar legalmente con antiguos jugadores que alegan problemas de salud debido al deporte que jugaron en el pasado. Un juicio en el que los mandatarios de la NFL tuvieron que pactar para que no siguiese adelante, evitando así tanto los problemas de imagen como el incremento del montante total, que ascendió a 870 millones de dólares (725 millones de euros).

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El defensa de los Lions alegó que debido al frío no notaba sus pies y por eso no supo si pisaba a Rodgers o estaba pisando el suelo. No es broma.

Dudar sobre si es la seguridad de los jugadores o el miedo a afrontar juicios futuros lo que mueve a la NFL es totalmente legítimo. Y más cuando el domingo pasado se produjo una de las jugadas más feas de la temporada. Una jugada que primero se sancionó con un partido y luego con nada. Estamos hablando del pisotón inexcusable del defensor de los Lions Ndamukong Suh a Aaron Rodgers mientras este último estaba en el suelo. Suh fue retrocediendo, mirando hacia otro lado, y pisoteó primero un tobillo y después el otro. Hablamos de un jugador cuyo peso oficial (sin contar las protecciones y equipo que se lleva en los encuentros) es de 139 kg y que cuenta con unas botas de tacos, como cualquier otro que se halle en el campo. Tras la acción, Rodgers golpeó a Suh en el muslo y este último ni se giró.

Si Rodgers, que ganará el MVP en unas semanas, se llega a lesionar el tobillo, Suh no hubiera vuelto a jugar este año. Igual que si el vídeo de la mujer de Ray Rice no hubiera trascendido, nada se habría hecho contra el corredor de los Ravens. La NFL funciona por acción-reacción, según lo que grite la gente de la calle responden de una manera o de otra. Suh podría haber acabado con la temporada de los Packers en esos pisotones, amén de lesionar a un compañero en una jugada que estaba acabada, y su única sanción va a ser una reprimenda y sancionarlo si vuelve a cometer otra fechoría. Nada más y nada menos para una Liga que se llena la boca cada semana hablando de lo importante que es la seguridad de los jugadores.

La única seguridad que les importa es la de sus bolsillos.

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