Spotify: el boicot es cosa nuestra

Spotify, empresa sueca de música en streaming que cuenta con 381 millones de usuarios activos y que en el tercer trimestre de 2021 obtuvo unos ingresos superiores a los 2.500 millones de euros, apunta a convertirse en la sucesora de Rakuten como patrocinadora principal del FC Barcelona.

Lucirá en el pecho de la camiseta del primer equipo y podría también, de acuerdo a lo avanzado por Catalunya Ràdio y no desmentido desde el club, añadir su nombre al sagrado del estadio, que pasaría a llamarse Camp Nou Spotify, además de aparecer en la parte posterior de la camiseta de entrenamiento sustituyendo a Beko, que como Rakuten acaba su contrato de esponsorización con el Barça esta temporada.

Las cifras por este acuerdo global bailan que da gusto según unas u otras informaciones. Van desde unos modestos 65 millones de euros por temporada hasta los 110, que ya podría considerarse una cantidad notable en comparación a lo que puedan percibir otros clubs de primer orden europeo en la suma de camiseta y estadio. No sería cualquier cosa…

Sí que parece una nimiedad, una tontería, una SOBERANA ESTUPIDEZ, la historieta/campaña que se han montado en las redes sociales unos supuestos, a saber quién, aficionados del Real Madrid que claman por el boicot a Spotify por ese también supuesto (no es para nada oficial) acuerdo con el Barça. Con el hashtag #bajaspotify llaman a sus homólogos a darse de baja del servicio porque, VIVE DIOS, solo faltaría que con su dinero colaborasen con el enemigo culer. De locos.

Se supone (seguimos suponiendo y/o especulando) que el señor Daniel Ek, fundador y dueño de Spotify, de quien Forbes afirma tiene una fortuna de 4.700 millones de dólares, centavo arriba centavo abajo, estará temblando ante tal campaña que puede llevarle a la bancarrota… Aunque no se tiene noticia de que cuando hace cerca de un año quiso comprar su amado Arsenal (no patrocinarlo, no, comprarlo entero) hubiera tal movilización por parte de los hinchas del Tottenham. Ni del Manchester United, el City, el Chelsea o el Liverpool. Vamos, ni del glorioso Wimbledon

Stan Kroenke, el dueño del Arsenal (y accionista mayoritario de los Rams en la NFL, los Denver Nuggets en la NBA o los Colorado Rapids en la MLS) le dio las gracias por el interés y rechazó ni tan solo negociar, por lo que el señor sueco se olvidó del tema hasta que allá por octubre inició tratos con el Barça para convertir a Spotify en patrocinador global.

Y así se llega, en cuanto ha salido a la luz pública la negociación, a esta cruzada de ese madridismo de pandereta por advertir que con su dinero no se juega. No se sabe si surge (las redes sociales no tienen patria) desde Chamberí, Retiro, Lavapiés, Tumbuctú o Miami… Pero haberlos haylos, de aficionados que han proclamado esta Guerra Santa.

Y como las redes sociales, llámese principalmente twitter, son un gallinero de guerras fratricidas, la respuesta del barcelonismo militante no se ha hecho esperar. No se ha hecho esperar desde un cachondeo en parte lógico hasta una respuesta por las propias armas… Y sin darse cuenta que, ¡ay, carambas!, de esto del boicot deportivo se sabe y no poco por el Camp Nou.

Hace cuarenta años, cuando eso de que el fútbol es de los hinchas era una frase tan desconocida como mucho más cierta que en la actualidad, el Real Madrid firmó un contrato por el que luciría la marca Zanussi en su camiseta y el revuelo entre los aficionados del Barça fue brutal. Hubo prohibición expresa en no pocas familias de comprar electrodomésticos de la marca Zanussi y tiendas que discretamente apartaron del escaparate sus lavadoras, neveras o lavavajillas.

Fue una guerra abierta contra una empresa que tuvo la idea de asociar su nombre con un club enemigo y, claro, paso a convertirse en enemiga del barcelonismo. Vamos, lo que ocurrió después con lechera Parmalat, que antes de hacer grande al Parma (y después irse al garete) también patrocinó al demonio merengue y provocó que el barcelonismo militante boicotease una leche… que en Catalunya no es que fuera nunca la marca más popular.

Después vino Reny Picot (¿alguien había bebido esa leche?) y en pleno apogeo del Dream Team fue el turno primero de Otaysa (una concesionaria automovilística) y después de Teka (volvieron los electrodomésticos). A todo se le hizo boicot. ¡A todo!

Pero, con el paso de los años, Zanussi sigue existiendo (curiosamente en manos suecas) y Teka, de origen alemán, mantiene su buena salud… Y, por cierto, no se sabe de ninguna bancarrota en Siemens, Bwin o Fly Emirates por haber patrocinado con el paso de los años al Madrid porque, entre otras cosas, aquellos boicots tan sonados en un tiempo en que no existía la globalización, no dejaron de ser revueltas de pandereta. Ojo, de nuestra pandereta.

Si finalmente Spotify se convierte en partner global del Barcelona no se puede ni sospechar que esa pataleta merengue vaya a provocar un descalabro en las cuentas de la empresa. Se hace difícil imaginar que tropecientos millones de madridistas aprieten el botoncito de Baja adhiriendose a una cruzada que más bien parece una tomadura de pelo.

Pero… ¿Y lo que nos entretenemos?camp nou spotify fc barcelona barçacamp nou spotify fc barcelona barça

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