Sport se acaba. Acaban con Sport

Sport se acaba. Los “mandamales” –que diría José María García– del grupo Zeta y del diario Sport han despedido hoy a una treintena de profesionales, casi el 40% de la plantilla del periódico. Lo han hecho del modo más mezquino imaginable, sin mirarles a los ojos y haciendo que sea el abogado de los propios trabajadores y del Comité de empresa quien leyera en la calle los nombres de los 26 periodistas afectados por el expediente de regulación de empleo presentado por la empresa. Como lo leen; los despedidos han conocido su destino literalmente en la calle, a las puertas de la redacción.

El hachazo a la plantilla, que llega a pocos días de la Navidad, deja sin empleo a un grupo de periodistas con una larga trayectoria a sus espaldas que, en algunos casos, alcanza los 30 años en el seno de Sport. Gente con tablas que ha crecido y se ha hecho grande con el diario y que mantenía contra viento y marea una visión del periodismo más próxima a lo que es, un oficio consistente en contar cosas, que a la visión que hoy se tiene de los medios de comunicación, donde manda el titular simple, la mala prosa y la búsqueda del clic fácil.

No puedo ser objetivo a la hora de escribir estas líneas. Tengo amigos y conocidos en Sport que desde hace unas horas están sin trabajo. Muchos de ellos lo intuían viendo los derroteros tomados por la empresa en los últimos meses, que parece más inclinada –y esto lo digo yo– a aligerar estructura para vender el nombre que a mantener viva una cabecera histórica de la prensa deportiva. Y ver lo que ha pasado hoy duele. A mí me duele.

La patada

Duele porque no merecen terminar así en un diario al que han dedicado su vida. Duele porque hay gente con más de 50 años de edad que se ve en la puta calle por obra y gracia de tecnócratas con manguito y visera que lo más parecido a una redacción que han visto es su vieja aula de EGB. Dirigentes –permítanme que recurra de nuevo a García, al fin y al cabo cada uno crece con los referentes que crece– que no tienen “ni una mala palabra ni una buena acción”, como seguramente tampoco tengan remordimientos de conciencia con lo que han hecho hoy mientras haya tertulias a las que acudir.

Siempre es una mala noticia cuando una persona pierde su empleo. El despido se convierte en un drama personal, la incertidumbre hace que se nuble la mente y el “qué pasará ahora” se adueña de los pensamientos. Pero cuando un medio de comunicación que camina hacia los 40 años de vida trata así a quienes le han hecho grande, la noticia es doblemente mala. Lo es porque al daño personal se une el periodístico al cambiar experiencia y conocimientos por volumen y prisas, periodismo de calle y teléfono por copio-pego sin ton ni son.

No solo Sport se acaba

El despido de 26 periodistas de Sport es una mala noticia para ellos, pero también para otra mucha gente. Es mala para quienes se quedan en la plantilla con el mal cuerpo por lo ocurrido y con miedo por su futuro, que tampoco pinta demasiado bien. Es mala también para quienes compran Sport, que dejarán de leer a gente que de verdad sabe de baloncesto, de fútbol internacional o de la historia del Barça. Y es mala para el periodismo, porque queda demostrado que a la propiedad de los medios de comunicación le importa poco el oficio y mucho el negocio.

Sport se acaba, sí. Hoy un poco más que ayer. Solo queda que los despedidos hoy luchen hasta el final por recibir un trato justo y piensen, aun en momentos como este, que nada se acaba en la Zeta.

Para todos esos compañeros, la solidaridad de todo el equipo de am14. Para los propietarios del Grupo Zeta y su brazo armado en forma de lacayos, directores y editores, les deseo que algún día sean capaces de dormir bien, pero que ese día no sea hoy. Ni mañana. Ni pasado.

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