Sin la elegancia de Alí y con la dureza de Tyson

El Barça de los empujones se ha convertido, al menos en las competiciones por eliminatorias, en un equipo capaz de asestar golpes con la misma dureza de Pacquiao. Con esa facilidad para alternar en la liga muy buenas actuaciones con alguna que otra alarmante desconexión, lo cierto es que Luis Enrique ha armado un conjunto realmente competitivo en los torneos del KO.

Aun apostando por la pegada de los tres delanteros en detrimento del control del centro del campo, el Barça ha solventado con solvencia las dos eliminatorias de la Liga de Campeones a domicilio y en los partidos de ida. Manchester City y PSG, dos de los nuevos ricos del fútbol europeo, no han tenido más remedio que rendirse a la evidencia: el Barça no es tan brillante como era pero, por contra, posee una picadura letal al alcance de muy pocos conjuntos.

Es cierto que, salvo el paréntesis del pasado año con Gerardo Martino, llegar a semifinales se está convirtiendo en una (sana) costumbre en el Barça, algo poco menos que impensable para quienes vivieron (vivimos) los tenebrosos años 70 y 80, cuando jugar la máxima competición europea era una excepción. Nos hemos acostumbrado mal y durante años hemos asociado de forma indisoluble los triunfos al juego excelso del equipo. Ocurrió con el Dream Team de Johan Cruyff, con el Barça de Rijkaard y también con el de Guardiola, pero ahora la cosa es diferente.

El Barça actual es una máquina competitiva muy afinada, preparada para machacar a puñetazos al rival como Tyson, pero que evita el baile que empleaba Muhammad Ali, el más grande, para desgastar a su adversario. No tiene juego de pies porque cada vez queda menos (aunque algo queda) de Iniesta y Xavi, pero a cambio ha endurecido sus puños con la rapidez de Neymar, la omnipresencia de Messi y la lucha y el cada vez mayor acierto de Luis Suárez.

Luis Enrique dirige un equipo fiable y perfectamente capaz de ganar por knock out la Copa del Rey, la Champions League y, si no se desenchufa, también la Liga. El barcelonismo lo disfrutaría, habría rúas, cava, fiesta y con el tiempo se recordarían los títulos con el ordinal que les correspondiera. La magia de este club es tan grande que incluso un presidente contra las cuerdas podría ser reelegido.

Disfrutemos de la centelleante dureza de este Tyson antes que se vuelva loco y nos muerda la oreja, porque cada vez está más claro que Muhammad Alí sólo hubo uno. Y ese no regresará.

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