Senna, 20

Cuando Brasil no estaba de moda, él mostró al mundo los colores de su bandera. Fue el tipo que situó a su país en el panorama deportivo más allá del fútbol. Creó, seguramente, una religión y su ejército de seguidores fue en progresión geométrica cuando el destino puso su contador de velocidad a cero y ya pasó al estadio de mito.

Hoy se cumplen 20 años de aquel momento. Tenía Ayrton Senna 34 años y en aquella curva de Tamburello del autódromo de San Marino acabó con todos sus sueños. Puso fin a una exitosa carrera en el asfalto y también fuera de él, puesto que dejó una impronta aún viva en un país, en una generación de brasileños y en la de un grupo de jóvenes pilotos punteros, desde Fernando Alonso hasta Lewis Hamilton, que siempre sintieron el vértigo de la velocidad inspirados por Senna como su modelo a seguir.

A las 14:17 horas del 1 de mayo de 1994, su Williams se estrelló contra el muro exterior tras perder el control a más de 216 kilómetros por hora y resultó mortalmente herido a causa de una pieza de la suspensión que le perforó el casco. Ingresó en el hospital Maggiore de Bolonia, donde falleció horas después.

Allí acabó la historia un piloto que fue santo y seña en diez años en la Fórmula Uno, en los que participó en 161 carreras y sumó tres títulos mundiales (1988, 1990 y 1991). Consiguió 41 victorias, 80 podios, 65pole positions’ y protagonizó en la pista los mejores duelos con Alain Prost. Senna y Prost, dos nombres que están ligados a la historia del automovilismo y que no se entienden el uno sin el otro.

Su muerte fue el final de mi historia con la F-1. Nadie puede hablar de Ayrton sin mencionarme a mí y nadie puede referirse a mí sin hablar de él”, asegura Alain Prost. Ambos fueron protagonistas de la época dorada de Fórmula Uno, de aquella década mágica (1984-1993) de la rivalidad de Senna y Prost, o de la calidad de Nigel Mansell, Nelson Piquet o de un joven Michael Schumacher.

Senna era un ganador nato, que ha dejado multitud de frases para el recuerdo. Suya es la máxima “El segundo es el primero de los perdedores» como también: “Si en una carrera lo tienes todo bajo control, es que no vas al límite”, aunque fue uno de los máximos defensores de que las carreras fueran cada vez más seguras.

En el vigésimo aniversario de su muerte, su país le recuerda con una serie de homenajes. Una exposición sobre su vida en Sao Paulo, un avión decorado con los símbolos del piloto y una misa de difuntos en Imola, lugar del accidente, donde en la víspera se produjo otro accidente mortal, el del austriaco Roland Ratzemberg al estrellarse su Symtek de F1, episodio apenas recordado.

Como dice Viviane Senna, hermana del piloto y presidenta de la Fundación Senna, Ayrton representó para las gentes humildes de Brasil “el arquetipo del héroe de los cuentos de hadas”, porque llegó de un país del Tercer Mundo con muy pocas posibilidades de alcanzar la Fórmula 1, pero que luchó y venció en una de las áreas más competitivas del Primer Mundo.

Año tras año, su leyenda ha ido en aumento. «Tengo miedo de la muerte y del dolor, pero convivo con eso, porque el miedo me fascina«, decía Senna, a quien lo único que le importaba era ganar: “Esa historia de que lo importante es competir no pasa de ser demagogia«, se cansaba de repetir. Insistía en que en la Fórmula Uno, todos los años hay un campeón, pero no siempre hay un gran campeón. Seguramente ese honor sólo es para él.

 

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