La selección más egoísta dice adiós

La selección española disputará hoy su último partido en Brasil. Acostumbrada a jugar el último encuentro de las últimas competiciones, el equipo de Vicente del Bosque vuelve a casa tras una actuación penosa y después de haber sido superada por Holanda y Chile.

Y, como suele ocurrir, el buenrollismo instalado en las maduras desaparece por completo cuando llegan las duras. Del Bosque, que supo restañar –o al menos, eso pareció– todo el daño causado entre los seleccionados culés y madridistas por José Mourinho, ha sido víctima tanto de su buena fe y de la confianza depositada en los hombres que le clasificaron para Brasil, como de la mala profesionalidad de muchos de ellos.

Tras la derrota frente a Chile en Maracaná, Xabi Alonso habló de falta de hambre y recibió el apoyo del desterrado Arbeloa, cómplice del tolosarra –uno por escupir, el otro por agredir– como principal causante del mal ambiente que ha acabado por explotar en la selección en cuanto los resultados no se han dado. Mientras Alonso hablaba de hambre, Iniesta o Diego Costa negaban que esa fuera la razón de la eliminación de una selección que reclama una renovación desde hace tiempo, un proceso que comenzará tras el Mundial cuando Xavi, Villa, el propio Alonso y quién sabe si Fernando Torres y el propio Del Bosque dejen el equipo.

Entre tanto, España juega hoy frente a Australia sin el concurso de Piqué, que sufre unas oportunas molestias que le permiten borrarse, y seguramente sin Cesc, que acaba de fichar por uno de los entrenadores más exigentes del mundo y, para celebrarlo, se permitió el lujo de tomarse a broma una sesión con la selección. Está por ver si Casillas y Ramos, dos jugadores para los que ‘la décima’ era más importante que el mundial, saltarán hoy al césped.

Con el “yo pienso en todos y ellos –los jugadores– sólo piensan en ellos” que pronunció recientemente, Vicente del Bosque dejó con el culo al aire a más de uno. Bien harían algunos entrenadores de club en tomar nota, si no lo han hecho ya, de esos tics y actitudes que conviene corregir para lograr que cualquier futbolista egoísta y caprichoso vuelva a tomarse en serio su profesión o, de lo contrario, para ser capaz de enseñarle la puerta.

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