España imita los errores del Barça

España tuvo ayer su maracanazo particular. Pese a que la derrota frente a Holanda en el primer partido no presagiaba nada bueno, el aparato propagandístico que siempre ha rodeado a la selección española –cuando se ganaba y cuando no– se empeñaba en mirarse al ombligo. “Nos quedan seis partidos para ser campeones del mundo”, decía tras el 1-5 del debut.

Y no. Ayer se certificó la caída de una selección que ha bebido de las fuentes de unos jugadores por los que también, pese a las vendas en los ojos de más de uno, pasa el tiempo. Establecer un paralelismo entre la trayectoria del Barça en los últimos años y la de la selección es inevitable. Por mucho que se niegue, la forma de jugar del equipo azulgrana trazó las líneas maestras del combinado español, que supo aprovechar muy bien la dinámica, el estilo y el estado de forma de un magnífico grupo de jugadores para alcanzar unos títulos que se anhelaban desde hacía décadas.

Fueron los futbolistas quienes elevaron a ambos equipos a lo más alto y también quienes, por edad unos y por dejadez otros, han causado su derrumbe. Mientras hubo un líder capaz de motivarlos, de exprimirles al máximo y de exigirles trabajo, el Barça se mantuvo arriba y la selección, inteligente, se aprovechó de esa inercia. E hizo bien. En cuanto la cultura del esfuerzo desapareció y el acomodo hizo acto de presencia, comenzó la cuesta abajo de aquel equipo que lo ganó todo. Los culés conocen bien esa sensación porque llevan sufriéndola dos años largos.

Si Piqué y Xavi fueron incapaces de ofrecer lo que se esperaba de ellos frente a Holanda, lo que les costó el banquillo, el caso de los jugadores del Real Madrid también resulta paradigmático. Llegaron como motos al final de temporada y en Brasil ha parecido que estuvieran de vacaciones, como si con ‘la décima‘ se hubiese acabado el mundo. Con Ramos irreconocible, Alonso confirmando la opinión de quienes ven en él un jugador sobrevalorado y Casillas flipándolo más que nunca, la suma de los lastres merengues y barcelonistas ha sido demasiado pesado para la España de un Vicente del Bosque que, agradecido, quiso confiar en el grupo que le llevó al Mundial en lugar de acometer la renovación necesaria.

Y ahí radica la principal causa de todo. Cuando se piensa en “no tocar lo que funciona” se acaba cayendo en la trampa de no ver lo que se necesita. Lo hizo el Barça, que lleva tres temporadas sufriendo –entre otras cosas– la falta de defensas y el declive de algunos jugadores, y lo sufre también la selección española, que en Brasil se ha mostrado un equipo tan plano y romo como falto de ideas.

Cambiar las dinámicas cuando éstas se envenenan es difícil. Echarse en el arado durante meses y pretender que aparezcan por arte de birlibirloque la chispa, el genio y los resultados es soñar despierto. Llega el tiempo de tomar las decisiones adecuadas, por dolorosas que sean, aunque para eso hay que ser valiente. Lo malo es que la valentía de quienes mandan en esto del fútbol no es precisamente una cualidad muy extendida, que acostumbran a confundirla con el capricho o el negocio. Y claro, así nos va.

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