Efectos colaterales de un mal año

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11 de Julio de 2010. España acaba de conquistar por primera vez la Copa del Mundo de Fútbol. Un sueño impensable para varias generaciones de aficionados se hace realidad. En el Soccer City de Johannesburgo se celebra con euforia. La misma que recorre las calles de toda España. Un encuentro ante Holanda para la historia que dejaría millones de análisis en los cuatro años siguientes, hasta el momento de defender el título en Brasil 2014.

En esos análisis nunca faltan las disertaciones sobre el estilo de juego y la manera en la que la selección de Vicente del Bosque ha llegado al triunfo. Análisis que enfocan la evolución llevada a cabo desde la “Furia Española” hasta el “Tiki-Taka”. Una forma de ver el fútbol desde el amor a la pelota. Un ejemplo de juego que aprovecha el mejor equipo que jamás se ha visto en un terreno de juego, el Barcelona de Pep Guardiola. En el Soccer City se van apagando las luces que han hecho brillar a Piqué, Iniesta, Xavi, Busquets, Villa y Pedro desde el inicio, y a Cesc y Valdés desde el banquillo.

Cuatro años más tarde, Vicente del Bosque apura los días antes de ofrecer la lista provisional y más tarde definitiva de los 23 que viajarán a la concentración de Curitiba, al sur de Brasil, donde España tendrá su cuartel general en este Mundial. El técnico, más sabio que todos los análisis hechos a posteriori de la victoria en Sudáfrica, mira con preocupación algunas cosas. Aspectos que tienen que ver con el annus horribilis del Barcelona. A Del Bosque, amante de las buenas maneras y deportividad, le llaman la atención las dudas sobre cómo llegarán Messi, Neymar o Alves a la cita. Pero lo que más le desvela es cómo llegaran los suyos. Y la mayoría de los suyos parten del Camp Nou.

Nadie niega que los tres éxitos consecutivos de La Roja en seis años coincidieron con el mejor Barcelona de la historia, que el esqueleto en las alineaciones y la filosofía de juego tenían un color blaugrana dirigido por un rojiblanco, Luis Aragonés, primero, y un blanco, Vicente del Bosque, después.

Dos ya no estarán en Brasil. Puyol, el central que con un cabezazo ensayado muchas veces bajo el mando de Guardiola llevó al equipo a la final, ya se perdió la última Eurocopa. Víctor Valdés, el señalado para paliar el destrozo de la guerra MourinhoCasillas en el Real Madrid, se recupera de una lesión que deja sin definir su futuro. Piqué sufre estos días en su cuerpo y en su mente un año para el que nadie parecía estar preparado por si llegaba. Xavi va agotando su momento estelar y no quiere mirar más allá de la cita mundialista su compromiso con La Roja. Busquets, el imprescindible para el seleccionador se ve solo en el centro del campo en muchos momentos. Villa, desde el Atlético de Madrid observa ahora el fútbol de otra manera.

Si buscamos algo de brillo, la magia de Iniesta sigue viva. La irregularidad de la temporada provocada por las lesiones puede tener su contrapunto en la frescura con la que acuda a la concentración previa. Igual que Pedro. Intermitente en las alineaciones del Tata, tiene gasolina y fuerza como para ser pieza importante en la selección. Y esta vez se une otro apoyo importante para del Del Bosque, Jordi Alba. El lateral se lo ganó todo en la Eurocopa y no va a fallar ahora.

Ocho eran hace cuatro años los blaugrana que vistieron La Roja para ganar la Copa del Mundo. Seis podrían ser los que estuvieran en la lista de 23 del Seleccionador para Brasil. Cinco de ellos repetirán. Con Jordi Alba serán seis, dos menos que en Sudáfrica. Una pérdida sensible que delata la evolución de un ciclo, quizá el más grande en la historia del Barcelona, gracias al cual la Selección Española conquistó el título más anhelado.

Esta evolución preocupa. Y no sólo en el Camp Nou. El año para olvidar que afortunadamente ya se cierra en Arístides Maillol va a hacer resentirse a la selección española en Brasil. Ojalá aparezca la magia suficiente en los 23 seleccionados como para que se note lo menos posible, pero es para preocuparse. Y si miramos al futuro, algo tenemos seguro. Se viene un gran cambio. ¿Pesimismo o realismo?

Manu Martín es periodista de ESPN.

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