Santander, ¿un nuevo futuro?

Más de 15.000 espectadores, probablemente la mejor entrada de la historia en un partido de 2ª B, se contaron en las gradas de El Sardinero. La situación del Racing, invisible desde hace meses y catapultado a los medios a partir del plante de sus jugadores la semana pasada, despertó a una hinchada que a través de su desaprobación hacia los dirigentes del club había dado la espalda al equipo. Al club mismo.

Moría sin remedio el Racing y la protesta de su entorno se centró únicamente en denunciar a dirigentes desvergonzados, sin caer en la cuenta de que quien estaba en peligro –sigue estándolo– es la entidad misma. Quizá el paso dado este fin de semana sea el comienzo de una nueva realidad en Santander y, con Sañudo como cabeza visible (307 partidos con la camiseta del equipo), se recupere el apoyo incondicional que la ciudad y sus gentes dicen dar al club.

El Racing sigue tocado, desde luego. Los más de 100.000 euros que se debieron recaudar en el partido frente a la Leonesa se suponen embargados y los que la nueva gerencia del club confía en poder recaudar hasta final de temporada deberían seguir el mismo camino. Sin embargo, quien quiera aprovecharse de la situación y sacar tajada no lo tendrá tan sencillo en vista del apoyo popular que, ahora sí, existe alrededor del proyecto.

La crisis que ha estado a punto de llevarse por delante al Racing, que se llevó al Salamanca o al Palencia y que se mantiene latente y silencioso en el entorno de no pocos clubes históricos deja claro cual es el presente del fútbol español. Referirse a la deuda escandalosa que se acumula en Primera División suena a chiste cuando se echa una ojeada a la realidad en Segunda, Segunda B o Tercera, donde el abandono de sus hinchas alcanza los límites de la razón.

Si lo vivido el domingo en Santander valiera para algo, desde mañana mismo se multiplicarían los directivos decididos a poner en evidencia a sus aficionados. Precios lógicos, no disparatados, servirían para devolver la gente a los campos y aparcar por unas horas el ruido mediático de los grandes que ahoga al fútbol local. Y a partir de ahí es posible que desde Santander y hasta Albacete, pasando por Toledo, Castelló, Jaén o Ponferrada, se pudiera volver a tener el orgullo en primer plano.

Se puede hablar de culturas y de muchas cosas, pero ver como en diez partidos de cuarta división inglesa se lleva tanta gente a los campos como en los doce de la segunda española debería hacer reflexionar a quienes tienen el poder de decisión. La televisión y la anarquía de los horarios que provoca tienen bastante culpa de que en España el fútbol esté muriéndose, por mucho que se oculte esa realidad. Pero los aficionados por un lado y, por encima de todo, los dirigentes deberían darse cuenta de la situación. Y actuar.

Santander, como lo fue Oviedo, es un ejemplo. Para tomar nota.

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