Sanabria, el último error

Tony Sanabria es un chaval que cumplirá 18 años en marzo, que promete mucho sin haber demostrado aún nada y que pretende el Barça, como tantos, por la puerta de atrás. Deslumbrado su entorno por el dinero fácil y promesas vacías de un futuro mediático y triunfador, de nada habrán servido ni los consejos de sus técnicos en La Masía, ni la visita en primera persona de Gerardo Martino para imponerle una paciencia que parece no existir en el fútbol. Paga tres millones a través de la Roma y fin de la historia.

Una historia, eso sí, que tendrá epílogo, por cuanto de acuerdo a la normativa, siendo extracomunitario y menor de edad, no puede acojerse a esa fuga que tenía planeada y deberá esperar al menos hasta marzo para consumar la salida. O a final de temporada. Y el Barça, de acuerdo a los primeros indicios, está dispuesto a retenerle en el club aún a sabiendas de su decisión. Sin dar ni un paso por reconducir la relación con vistas a un posible futuro del jugador en clave azulgrana.

De hecho, nadie en los despachos del Camp Nou ofrece la agilidad de, entendiendo la imposibilidad de mantenerle en casa, pensar en él desde una perspectiva de futuro. No es la primera vez. Y visto lo visto, por desgracia, parece que tampoco será la última. Quizá lo más simple y a la vez saludable ahora sería sentarse con los asesores de Sanabria y los representantes de la Roma para cerrar un acuerdo rápido de traspaso. Y en ese acuerdo incluir alguna cláusula que pudiera facilitar un futuro regreso al Barça. Más allá de reacciones viscerales, la frialdad se contempla como la mejor reacción para evitar que pudiera repetirse algún caso ya vivido en el pasado.

Y es que lo que ocurre con Sanabria no difiere tanto de varios casos que se han producido en los últimos tiempos. No hace falta extenderse en la lista y basta con referirse a los ‘triunfadores‘ y a algún ‘fracasado‘ para entender el mundo en que se ha convertido el fútbol y, también, para dar un toque a la directiva del Barça, que contemplando la imposibilidad de mantener al delantero paraguayo ha mostrado una pasividad (si no se demuestra en un futuro inmediato lo contrario) digna de estudio.

Piqué o Cesc, hoy indiscutibles en el Camp Nou, deberían ser ejemplos evidentes. Por lo que sea, que no es este lugar para discutir sucesos caducados, tanto el uno como el otro decidieron en su día dejar su casa para buscarse su futuro futbolístico lejos del club. Y cuando siendo ya profesionales los técnicos entendieron que debían volver, el Barça tuvo que pasar por caja para recuperarlos. Entre pitos y flautas el retorno de ambos le costó al Barça 40 millones de euros, que se dice pronto. Es decir, por dos jugadores formados, alimentados, enseñados y mimados en La Masía se acabó pagando el gusto y las ganas.

Ambos tuvieron más fortuna en su carrera que otros como Fran Mérida o Gai Assulin, por poner también dos casos. En el de Sanabria nadie sabe qué puede ocurrir, pero sí es fácil intuir un escenario tan apetecible en el aspecto deportivo como preocupante en el económico. El chaval, al que la Roma, se asegura, cederá a un club de la Serie A puede explotar todas sus virtudes y en dos días convertirse en el sucesor de Roque Santa Cruz. Y si eso ocurre (que virtudes, dicen, tiene sobradas), nadie puede descartar que el Barça esté al tanto para, en base a sus necesidades, pretender recuperarlo.

¿Qué pasaría entonces? Pasaría que un chaval que ha sido mimado, enseñado, tutelado y crecido en La Masía durante más de cinco años podría regresar al Camp Nou como una estrella… y con un coste desorbitado. ‘Si se marcha, que no vuelva’, se ha leído y escuchado en las últimas semanas. ‘Desagradecido‘ también se ha repetido al hablar de él. Y esas son reacciones que se repitieron en casos hoy enterrados. Los de Piqué y Cesc mismamente. En su momento la junta de Joan Laporta no tuvo la agilidad, o no pudo o no supo, atar el futuro de jovenzuelos que nadie sabía cómo se desarrollarían lejos de casa. Y como parece que de los errores nadie aprende en Can Barça, la directiva de Sandro Rosell se ha mantenido impasible con Sanabria.

Más allá de ruido mediático y de presentar al chaval como un inconsciente con urgencias por hacerse un nombre y sumar ceros a su cuenta corriente, el club no ha sido capaz de, viendo la imposibilidad de convencerle por permanecer en casa para seguir con su lógica evolución, incluir una cláusula de recompra futura. Pagar diez millones de euros, pongamos por caso, sería una ganga para fichar un delantero de primera clase. Y no habría estado de más que entre Javier Faus, vicepresidente económico, y Josep Maria Bartomeu, deportivo, arrancasen tal acuerdo con los representantes del jugador y de la Roma.

Porque lejos de presentar a Sanabria como un desagradecido, el Barça está obligado a velar por sus intereses en clave de presente y de futuro. Aún están a tiempo…

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