Salvar a Messi de Messi

Uno de los aspectos más descorazonadores y decepcionantes de la aún corta etapa de Luis Enrique como técnico es el rendimiento de Ivan Rakitic. El croata fue insistencia propia del nuevo entrenador, había terminado una temporada sensacional haciendo de todo en Sevilla y parecía haberse sacudido ese aura de irregularidad que casa tan poco con la posición para la que se le fichaba. Incuestionable hasta entonces el dibujo en 4-3-3, al nuevo fichaje se lo ubicaba sobre el papel en la posición de Xavi, la de interior derecho, aunque, más que a Xavi, venía a substituir a Cesc. Fàbregas, que regresaba a la misma ciudad, pero a diferente distrito postal, funcionó durante un año y medio de los tres que duró su breve retorno. En cuanto los días se hacían cortos, el 4 ponía a hibernar su juego.

Confieso que tenía y tengo una especial predilección con Fàbregas, hecho que no me impide entender su marcha ni menoscabar el papel de Rakitic hasta el momento. De Cesc se esperaba que cogiera el timón e hiciese una versión del Barça post-Xavi -y, por ende, de Messi. Por las razones que fueran, no cuajó y eso ya es agua pasada. Con el croata las expectativas iban por un camino similar y por la propia naturaleza del jugador se esperaba un equipo más vertical. Sobre esto hay poco que argumentar al contrario, ya que el Barça es desde luego un conjunto que ha cambiado el césped por un balancín al poner todo el peso en una misma zona del campo.

Sí que se podría discutir, en cambio, sobre el papel de Rakitic en ello. Medio año después del pitido inicial, Ivan sigue tan perdido como lo pareció el primer día. Es ahí donde el trabajo de Luis Enrique desluce, porque no es descabellado pensar que el asturiano tenía grandes planes para el jugador, al igual que no lo es creer que hasta el momento ha fracasado. Sea por hache o por be, ni Rakitic se ha amoldado al sucedáneo de juego de posición que practica este nuevo Barça ni luce cuando la música deja de sonar y todos buscan su silla. El croata deambula, de vez en cuando aparece para chutar, en otras acaba sus intervenciones devolviendo el balón al que se lo envió y de manera muy excepcional aporta algo propio a la jugada. Parece intimidado, como si tuviese miedo a coger el balón y tomar decisiones, prefiriendo entregarlo a otros con más galones.

La falta de personalidad en el centro del campo está matando posiblemente la temporada que tenía en la cabeza Luis Enrique. No sólo el mediocampo se ha convertido en una zona de tránsito libre, un corazón convertido en un triste aspirante a bypass, sino que la dejación de funciones ha sido absorbida por Leo Messi, un futbolista que se comporta como si fuese nuestra recreación en un videojuego: quiere hacer todo lo que los demás no hacen. Si no funciona la salida del balón, rebaja su posición treinta metros y se coloca junto a Busquets; si Iniesta tiene problemas para sacudir las líneas del rival, pide el balón y las atraviesa él; si Ivan no doma el juego, Messi impone su ritmo; si Luis Enrique no da con la tecla, Leo se encarga de lograr las victorias.

El Barça depende de lo que salga de las piernas de Messi. El argentino condiciona todo y tapa la falta de ideas o la mala aplicación de estas. Da la sensación de que Messi, al igual que se atrevía a delegar en Xavi -el Xavi que brillaba, el Xavi que marcaba el ritmo, no el actual, aunque siga siendo lo más cercano que tiene el Barcelona a un interior-, no confía en la habilidad de los que tiene detrás para ganar los partidos. No es que se lo pueda culpar por ello, toda vez que ha quedado demostrado en los partidos en los que no ha jugado que al equipo le faltan tantas ideas como referentes, pero si el Barça quiere renacer (y por renacer no me refiero a ganar un título, sino a ganar con regularidad desde un estilo y no fiándolo todo a un jugador, por bueno que sea), debe apartar a Messi lo más posible del centro del campo.

Ahí está el reto de Luis Enrique y del que venga si el primero se va o el presidente entrante llega con un nuevo técnico bajo el brazo, una posibilidad bastante probable. El Barça y Leo ganan a medida que el último reduce metros con el área rival. Construir un centro del campo, sea del perfil que sea, es el primero de los pasos. E insistir en ello, por mucho que la mezcla al principio no sepa bien, dando galones a los jugadores correspondientes, sea Rakitic u otros. En la repetición infatigable está la base del éxito. De otra forma, Messi seguirá agotando fuerzas y esfuerzos lejos de donde es el jugador más decisivo del mundo en su afán de hacerlo todo y el Barça estará desaprovechando año tras año un talento generacional.

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