Rosell y los que no tomaban decisiones

Tras el apresurado y desgraciado adiós de Tito Vilanova como entrenador del primer equipo del Barça, la junta directiva y la estructura deportivo-ejecutiva ‘organizada’ por Rosell y sus hombres han mostrado una debilidad creciente en un aspecto específicamente reservado para ellos: la toma de decisiones.

La marcha forzada de Vilanova trajo a Gerardo Martino a Can Barça. El Tata llegó con su equipo de trabajo –Jorge Pautasso como segundo y Elvio Paolorosso como preparador físico-. Además, Martino se encontró con los nuevos fichajes técnicos de la anterior etapa y no quiso, desde su posición de recién llegado a una nueva casa, desprenderse de ellos: Rubi —que llegaba para integrarse en el cuerpo técnico de Vilanova y reforzar la estrategia— y Jaume Torras y Jordi Melero —que cubrían las bajas de Domènec Torrent y Carles Planchart, en el Bayern de Guardiola— para el departamento de scouting, donde ya estaba Alex García.

Martino también acogió a Jordi Roura —segundo de Tito, para realizar tareas de tercer entrenador—, Aureli Altimira —preparador físico— y José Ramón de la Fuente —entrenador de porteros—, para un total de nueve integrantes en el banquillo entre técnicos y ojeadores.

Comenzaba así la temporada como si de una pequeña ’13 Rúe del Percebe’ se tratase. En su momento, Rosell y los suyos también aplazaron decisiones en esta área. La situación durante la temporada ha sido, como poco, extraña, producto de un cuerpo técnico muy numeroso que en ocasiones no ha tenido claras las funciones de cada uno.

Esa dejadez de la junta dirigida ora por Rosell, ora por Bartomeu, también ha tenido su incidencia en el terreno de juego, antes incluso de la llegada de Martino. La planificación de la plantilla temporada tras temporada y el retraso en la regeneración del equipo, difíciles de explicar, dejan claro que la toma de decisiones de los de arriba es cuestionable.

Los que mandan no han sabido coger las riendas y pensaron que un club así se podía organizar desde la inercia del pasado. ¡Qué error! La dirección de una entidad deportiva de tal magnitud exige, más allá de los aciertos y los errores, mano firme.

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