Romper el carnet

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La de ayer fue una de esas noches donde el culé, tal como escuchábamos a nuestros padres y abuelos tantas veces, quería romper el carnet. Prácticamente nada de lo ocurrido en el nuevo San Mamés -a pesar de tratarse de la primera derrota de esta Liga y de mantener el liderato- puede ayudar al seguidor barcelonista a hacer desaparecer de su mente ese acto compulsivo. Una expresión, la de romper el carnet, que lleva muchos años en desuso pero que puede recuperarse rápidamente si no sucede algo milagroso que cambie la peligrosa tendencia en la que ha entrado este equipo.

Empezando por un entrenador, Tata Martino, que ayer perdió un gran número de partidarios y merecidos defensores, cuando ante el primer partido en el que debía tomar decisiones trascendentes, no tomó ninguna. Algo que hubiese firmado el mejor Jordi Roura. Jugaron todas las vacas sagradas y descansaron todos los jóvenes excepto Montoya, quien fue titular por la lesión de Alves. Pero más desesperante que sus decisiones previas y sus, de nuevo, tardías e inertes decisiones durante el partido, fueron sus declaraciones en la rueda de prensa posterior al partido, donde pareció reírse de todos los aficionados al afirmar: “yo sí que vi un muy buen Barcelona“.

Pero es que el Tata, más allá de su cada vez más cuestionada capacidad para dirigir a este equipo, pocas facilidades se le han dado cuando este verano sólo se decidió fichar a Neymar, vender a Thiago y regalar a Villa y a Abidal. El resultado de ese proceso ha sido una plantilla mucho más débil que hace aún más complicado poder sacrificar a alguna vaca sagrada. Pero resulta que cuando ya tiene a algún jugador inesperado para poder hacerlo, como Bartra, prefiere dejarlo en el banquillo.

Porque la gran incógnita de esta plantilla es saber quiénes serán este verano los RonaldinhoDecoEto’o. Piqué, Xavi, Cesc y Puyol son los que más números tienen para convertirse en los grandes señalados y sacrificados la próxima temporada, siempre que partamos de la base de que alguien en el club tenga el valor de tomar alguna decisión. La influencia de estos jugadores en el vestuario, su deficiente preparación física, su poco compromiso con el club y el tapón que están ocasionando en los jóvenes valores que prefieren marcharse a continuar calentando banquillo mientras ellos deambulan por el campo, son motivos más que suficientes para que se produzca una revolución necesaria desde hace ya dos temporadas.

Sin embargo, lo que está viviendo el Barça no sólo es un problema del banquillo y la plantilla, sino sobre todo de quien ha tolerado y potenciando todo esto: Sandro Rosell. Primero, manteniendo a un director deportivo como Andoni Zubizarreta, incapaz de aportar ningún fichaje necesario. Diego López, Borja Valero, Fernando Llorente, Isco  u Ozil son cinco ejemplos de fichajes baratos, que sólo habiendo estado un poco atentos al mercado (o sea, trabajando) complementarían y mejorarían ahora mismo la plantilla azulgrana. La incompetencia de Zubi ha sido premiada con dos años más de contrato, con lo que el problema se alargará en el tiempo.

Y segundo, renovando incomprensiblemente por tres temporadas a jugadores en la clara cuesta abajo de su carrera, como Xavi o Puyol. Cuando los objetivos son renovar a Iniesta por cinco años -cuando ya tiene 30- o a Piqué -lejos del mínimo nivel que hay que exigir a un profesional-, a uno se le ponen los pelos de punta. Y no de punta, sino como escarpias, pone saber que esta Junta quiere vender en un período no mayor de dos años a Leo Messi, que ya ha empezado a ser señalado por la sumisa y dirigida prensa del club. El argentino, harto de esto, ha decidido marcharse de vacaciones a Argentina, con la excusa de su lesión.

Pero a pesar de todo este panorama, no rompan sus carnets. Quizás todo es fruto del calentón de la derrota o quizás sean sólo cosas mías.

Quién sabe…

 

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