Riquelme: el último 10 cumple 36

Juan Román Riquelme cumple hoy 36 años. El futbolista de la cara seria, seguramente el último crack salido de Boca en las últimas dos décadas, celebra hoy también su onomástica. Y con esa mirada seria, casi triste, como si de niño lamentara que le birlaran un regalo al coincidir ambos festejos, Román seguirá al menos una temporada más vistiendo la remera xeneize.

Riquelme fue el 10 después del 10. Ídolo de Boca como Maradona, llegó al club dorado y azul desde Argentinos Juniors, también como el Diego. Pero, al contrario que el Pelusa, que transmitía carisma personal cada vez que tocaba el balón, Román reflejaba sobre el pasto otra cosa. Jamás hubo un contraste mayor entre su expresión seria, taciturna incluso, y la chispa que, desde lo que en la ignorante Europa se llamó lentitud, era capaz de imprimir al balón.

Referente del mejor Boca de Bianchi, el que venció al Madrid en la copa Intercontinental gracias a su asociación con Palermo, el Barça de Gaspart lo trajo a Barcelona, entre otras cosas, por la presión durante un año de un diario barcelonés que había visto cómo su competencia había apretado una temporada antes para promocionar a Javier Saviola. Y ahí estuvo el principal problema que tuvo que afrontar un Riquelme que aterrizó en el Camp Nou sin algo fundamental: el apoyo de su técnico.

Louis Van Gaal fue siempre claro respecto a Román. Cuando fue preguntado afirmó que era un fichaje del presidente y que él no había pedido su incorporación. El propio Riquelme ha destacado en más de una ocasión cómo valoró esa sinceridad. Cuentan que el holandés mantuvo una conversación con el de Don Torcuato en la que le dijo “Todos estos vídeos que tengo sobre la mesa son de usted. Cuando tiene la pelota es el mejor del mundo, pero cuando no la tiene jugamos con uno menos”. La suerte de Riquelme estaba echada y enfiló el camino del Villarreal.

En un fútbol donde prima la presión, la fuerza, la organización y la intensidad sobre el talento, son pocos los entrenadores que se permiten el lujo de “jugar con uno menos” ante las carencias defensivas de un futbolista. Lo que se lleva hoy es la solidaridad, el trabajo defensivo y la lucha hasta la extenuación, pero siempre quedará algún osado técnico que decida dar un espacio al talento de una sola dirección de futbolistas como Román.

Riquelme vino a Barcelona pero no acabamos de verle. Seguramente porque llegó demasiado pronto. Seis años pronto.

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