Reventa de ilusiones

taquillas

El derbi Barça-Español era el primer partido en el que se ponía en práctica la polémica medida del club mediante la cual se obliga a los niños menores de 8 años a acceder al Estadi obligatoriamente con entrada, localidad que se podía obtener gratuitamente -excepcionalmente para este partido- sólo para niños socios (para el resto de partidos el abanico se abre a hijos y nietos de socios).

Siguiendo por tanto dichas normas, me dirigí el día de partido a las taquillas del club situadas en el Gol Norte, que conseguí alcanzar tras sortear a varios reventas que me asaltaban preguntándome si iba a comprar entradas. Allí mostré los dos carnets de socio de mis hijos de 6 y 3 años, socios desde el mismo día de su nacimiento y cuyo coste -casi 40 euros anuales correspondiente a la cuota de socio alevín- abono al club más en un acto de amor a la institución que de real necesidad.

Lo que en principio era un simple trámite administrativo se convirtió en indignación cuando la amable chica de taquilla me especifica que no puede extenderme dos entradas, que sólo puede hacerlo con una ya que es un niño por adulto. Le aclaro que los dos son mis hijos, socios y que acuden conmigo. La chica se reafirma en su postura “son las normas que tenemos del club y no puedo hacer nada más”.

Cuando me nombra «las normas» mi primera reacción es preguntarle qué dicen esas normas acerca de que justo a medio metro de nosotros haya (no exagero) una decena de reventas ofreciendo entradas y que si le parecía correcto que uno de mis hijos, socio, no pudiera tener localidad, mientras en nuestras mismas narices estaban revendiéndolas. La respuesta del, entiendo, responsable de esas taquillas (la amable chica se queda ya a un lado) es que “los reventas están en la calle y ellos no pueden hacer nada, eso es cosa ya de la Guardia Urbana”.

Reconozco que en ese momento la tranquilidad que había mostrado hasta entonces da paso a una mezcla de indignación y rabia, no sólo ya por ver que uno de mis hijos -insisto, socio- se iba a quedar sin entrada, sino por ver además cómo toda la firmeza y peso de la ley que esta Junta no duda en aplicar contra los niños, son incapaces de ejercerla cuando se trata de la reventa. Es entonces cuando le argumento que aunque la reventa sea en la calle, están vendiendo entradas del club y que éste tiene la obligación de indagar cuál es el origen de esas entradas, no sólo por el capítulo de los niños, sino porque hay más de seis mil socios en lista de espera para un abono. Sólo por respeto a ellos, el Barça tiene la obligación de averiguarlo.

La conversación entra en un bucle ya sin sentido, al ver que uno de mis hijos se iba a quedar definitivamente sin entrada, mientras en nuestros mismos morros la reventa se producía con total impunidad. Pierdo los nervios por unos momentos y a pleno grito -creo que sin proferir ningún insulto- les digo que era una vergüenza que uno de mis hijos -insisto de nuevo, socio- se quedara sin entrada mientras delante nuestro se realizaba la reventa con total impunidad por parte del club, que se estaban cargando al club, que no defendía a los socios… Lo sorprendente es que nadie me replica, ni siquiera todos los reventas, que me miran con la tranquilidad de quien se siente impune y quién sabe si protegido por quién les suministra las entradas. Unas entradas que tienen su origen imperativamente en el propio club, con independencia de los pasos que den hasta llegar a sus manos.

Una vez pasado ese momento de tensión, el responsable de taquillas con quién había estado dialogando me dice que tengo toda la razón del mundo, pero que ellos cumplen órdenes. Otro empleado del Barça, el que se encuentra fuera de las taquillas, entre los reventas -pero ajeno a ellos, como si fueran invisibles- también se acerca a mí para repetirme el mismo comentario: “tiene usted toda la razón, es una vergüenza”.

Finalmente conseguí entradas para mis dos hijos, socios, gracias a un buen amigo que me cedió (sin ninguna compensación económica, por supuesto) su carnet para que mis dos hijos pudieran disfrutar del derbi conmigo. Revisando la normativa del club en este sentido, en su página web  dice “Cada niño deberá estar acompañado de un adulto”, pero no especifica ni que ese adulto sea en exclusiva para el niño ni que ese adulto deba ser el que comparta la entrada con él, pudiendo ser otro adulto que me acompañara.

Pero para esta Junta es más importante aplicar toda la legalidad, e interpretarla a su conveniencia, contra los niños socios del Club; para los reventas, sin embargo, practican toda la ambigüedad y la permisividad posibles. Lo primero les proporciona mayor número de entradas disponibles (al dificultar el acceso a niños, habrá mayor número de padres socios que practiquen el Seient Lliure); lo segundo les permite que haya más entradas en el mercado de la reventa, incluido Viagogo.

Y quién sabe si ambas cosas no son las dos caras de la misma moneda…

¿Cómo funciona la reventa?

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