Renovación en diferido

La temporada 20019-2020, la tercera de Ernesto Valverde en el banquillo del Barça, empezaba con el lastre de las dos sonoras eliminaciones de Champions contra Roma primero y Liverpool después, tras sendas remontadas rivales en el partido decisivo. Era la asignatura pendiente de un equipo que festejó Liga y Copa del Rey el primer curso y Supercopa de España y Liga el segundo, pero que había ido decayendo en su fútbol, cada vez más plano y previsible y, lo que es peor, sin atisbo de mejora en el horizonte.

Tal fue el descalabro en la Champions League que el puesto de Valverde pendió de un hilo al inicio de la actual campaña y la ilusión por una renovación al estilo de la realizada por Pep Guardiola a su llegada al primer equipo sobrevoló todas las tertulias. Y es que en el ideario culé se tiende a comparar todo con la situación que se encontró el de Santpedor en la ya lejana campaña 2008-2009, que acabó con la consecución del primer triplete de la historia del club y la sensación de haber disfrutado del mejor fútbol visto nunca en can Barça.

La revolución de Guardiola

Pero lo cierto es que el panorama que se encontró Guardiola en 2008 poco se parece al que se iba a encontrar el sustituto de Valverde, ya hubiera sido al inicio de la actual temporada, ahora -recién aterrizado Quique Setién– o el próximo verano.

En 2008 Pep Guardiola afrontó la difícil papeleta de rediseñar un equipo que venía de la autocomplacencia del final de la etapa Rijkaard. Tras cuatro campañas con el holandés al mando el desgaste se hizo evidente en una última temporada en la que el conjunto se quedó fuera de la final de la Champions y de la Copa del Rey, con el Manchester United y el Valencia como verdugos, y acabó LaLiga en una discreta tercera posición.

Prescindir de Ronaldinho (28 años) y Deco (30) fue la primera decisión contundente de Guardiola. “Si sintiera que él quiere, que siente que puede volver a ser el jugador que fue, quizá se podría plantear. Pero las circunstancias son las que son. Yo quiero un vestuario fuerte, en el que todos se sientan importantes. Eso es fundamental. Si no blindamos esos aspectos, seremos menos fuertes. Y si Ronnie sintiera esto, estaría con nosotros“, declaró el propio entrenador el día de su presentación al ser preguntado sobre la salida del astro brasileño.

También salieron Zambrotta y Edmilson (31 años), Thuram (36), Oleguer (28), Marc Crosas (20), Ezquerro o Gio Dos Santos (19). Se pretendió la marcha de Eto’o, que finalmente permaneció en la plantilla. “Buscamos un nueve que sea muy bueno y que se complemente con Henry y con Bojan, para que los tres se sientan titulares. El que venga, me parecerá perfecto. Y no me quejo, porque tengo una plantilla cojonuda“, llegó a expresar Guardiola en relación al sustituto del camerunés.

Sin embargo, aquel equipo tenía por delante la etapa de plenitud de los Xavi, Iniesta, Messi o Valdés, a los que se sumaron fichajes contrastados como los de Dani Alves (25) y Seydou Keita (28), el retorno de Piqué (21) o la llegada al primer equipo, para quedarse, de Sergio Busquets (20) o Pedro. Sin olvidar que aquel grupo contaba ya con jugadores de la talla de Henry, Touré, Abidal o Milito, fichados en verano de 2007.

El resultado conformaba una plantilla muy equilibrada y con muchos recursos. Una delantera temible formada por Messi, Eto’o y Henry, con Hleb, Bojan y Gudjohnsen como recambios. Un centro del campo de ensueño con Xavi, Touré o Busquets e Iniesta. Y una defensa sólida y versátil con una nómina de jugadores como Alves, Puyol, Piqué, Abidal, Silvinho, Milito, Marquez o Martín Cáceres.

La renovación pendiente del Barça

En cambio, la actual plantilla cuenta con una columna vertebral que ya ha cumplido su ciclo de sobras y pide a gritos un recambio por desgaste. Además, a día de hoy pocos fichajes han conseguido asentarse como titulares indiscutibles.

En defensa, el líder, Piqué, tiene ya 33 años y en los últimos tiempos el club solo ha sido capaz de encontrar un central titularísimo en la figura de Lenglet, visto que Umtiti (26) nunca ha recuperado el nivel de antes de su lesión y los intentos fallidos de Yerry Mina y Todibo. Además, el lateral diestro está de luto desde la marcha de Dani Alves: Semedo (26) sigue generando dudas en su tercera temporada y como alternativa solo queda Sergi Roberto. En el otro carril, Jordi Alba (30) tampoco cuenta con recambio de garantías.

En el centro del campo, santo y seña de la última época de esplendor azulgrana, Busquets y Rakitic llegan a los 31 y se les nota lentos de piernas e ideas. En el acompañamiento, Arthur no acaba de centrarse, Vidal es un complemento y únicamente De Jong y Riqui Puig dan esperanzas en una zona del campo donde se ha venido perdiendo peso en los últimos cursos.

En la faceta atacante parece que desde la marcha de Neymar se han ido sucediendo los errores de planificación. Con su venta se fichó a Dembelé, y sus números lo dicen todo: 74 partidos y 18 goles en tres temporadas, a una media de poco más de 24 encuentros y 6 tantos por campaña. También se trajo a Coutinho, que venía para ocupar el sitio de Iniesta pero que nuca se adaptó. Y mientras tanto, el 9 titular del equipo, Suárez, tiene ya 33 años y sigue sin sustituto. Y Messi -sí, Leo come aparte- no lo puede todo.

Con estos mimbres, la renovación (en diferido) que requiere el Barça el próximo verano (en realidad desde hace al menos dos temporadas) se antoja más compleja que la de Guardiola en 2008. Del acierto o no de los que toman las decisiones dependerá alargar más o menos la agonía de este Barça crepuscular.

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