Ter Stegen, el regreso del culpable

Los últimos resultados del Barça en la Liga han levantado el tradicional debate entre el barcelonismo acerca de su juego. Hay posturas para todos los gustos, desde quienes apuntan que la esencia del equipo ha variado sustancialmente hasta los que ven una evolución que ha enriquecido el fútbol que acompaña al sistema tradicional del conjunto azulgrana. Son las famosas variantes de Luis Enrique.

Lo cierto es que el debate tiene su miga. Ateniéndonos a los resultados, el equipo del técnico asturiano tiene pocas manchas en su historial. Enormemente competitivo, la cosecha de títulos de las dos últimas temporadas –que rompió además la inercia negativa del año del Tata Martino, que se contagió incluso a la grada– habla por sí sola: ocho triunfos en los diez campeonatos disputados.

Falló algo más que Ter Stegen

Sin embargo, las últimas actuaciones han hecho que se ciernan algunas dudas sobre el juego del equipo. El ejemplo de Balaídos fue, quizás, el más representativo de un escenario que parece cualquier cosa menos halagüeño. El Barça no supo romper la presión del Celta, se le vio inseguro a la hora de sacar el balón desde atrás y pagó esa imprecisión –especialmente en una franja de tiempo muy corta durante la primera parte– con goles.

La segunda parte del equipo, que saltó al césped con otra mentalidad, sirvió de bálsamo para muchos hasta el grosero error de Ter Stegen que sentenció el partido, pero mal haríamos si achacáramos el resultado únicamente al fallo del alemán. Cuando se produjo, el Barça seguía perdiendo, pese a que en una reacción producto más de la épica de otros equipos que del juego y la paciencia, había recortado distancias. Perdía y, lo que es peor, su mal juego lo hacía irreconocible.

Con la perspectiva del tiempo, para todos quedará el partido de Vigo como el del error de Ter Stegen. Incontables fueron los artículos y las tertulias que culparon al alemán de la derrota sin reparar en otros aspectos igual o más determinantes para el resultado final. Ter Stegen falló, sí, pero lo que no funcionó como debía fue todo el entramado defensivo del Barça, donde solo Piqué mantuvo el nivel.

Un portero singular

Culpar a Ter Stegen de la derrota y echarle en cara el juego por el que llegó al Barça es el colmo de la perversidad cuando, por otro lado, alabamos hasta la saciedad el juego filigranero y alegre de Neymar y le protegemos cuando le acusan de provocador. Ter Stegen juega siempre igual, tiene confianza en esa forma de entender el fútbol y sería absurdo pretender cambiarla. El alemán es regular, pero tiene sobre su cabeza la inmisericorde espada de Damocles que forma parte del uniforme de portero. Si a su error añadimos la enésima muestra de incapacidad de Mathieu para colaborar en el juego de construcción del equipo o el escaso apoyo que recibió Busquets –más fallón de la cuenta– por parte de los interiores encontraremos más porqués del resultado final.

El mensaje que se emitió tras lo de Vigo es que el culpable de esos tres puntos perdidos fue Ter Stegen, que falló en una jugada que había hecho con éxito una decena de veces en el mismo partido. Curiosamente, pocos hablan del modo en que un planteamiento erróneo desperdició 45 minutos, ni tampoco de la enorme separación entre las líneas que acabó con las vías de salida del balón favoreciendo la presión del equipo gallego. El mismo planteamiento equivocado que, unos días antes, frente al Borussia, fue corregido en el descanso para finalmente lograr la victoria y que se vio superado por el Alavés en la primera derrota liguera.

No al runrún

Si la prensa y los aficionados no dudaron en elogiar la reacción de Luis Enrique para corregir su equivocación –pese a que sería mucho mejor acertar desde el minuto uno–, no hay razón alguna para que no ocurra lo mismo con el regreso de Ter Stegen a la portería del Barça. Ese es el retorno que se espera el sábado frente al Deportivo, no el del runrún que acompaña siempre desde la gradería del Camp Nou al inquilino de la portería.

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