Redskins, racismo de opereta

Washington DC, capital de Estados Unidos, es una urbe de aproximadamente ocho millones de habitantes a la que habitualmente asociamos con la política. Pero más allá del Capitolio o el Pentágono, Washington respira también deporte profesional. Allí tienen su sede los Capitals de la NHL de hockey sobre hielo, los Nationals de la MBL de béisbol, los Wizards de la NBA de baloncesto o los Redskins, de la NFL de fútbol americano. Y son estos últimos los que sin comerlo ni beberlo llevan dos décadas envueltos en una polémica que ha arreciado en los últimos meses y que amenaza, de momento sin mucho ímpetu, con acabar con su mítico nombre.

LA POLÉMICA

Redskins significa ‘Pieles Rojas’ y ese es, parece, el problema. El origen de la expresión ‘piel roja’ se remonta al siglo XVIII. Según un estudio, el término redskin comenzó a utilizarse por parte de los blancos para referirse a los nativos americanos en sus negociaciones. Era una expresión neutra, sin connotación negativa pues era un término que usaban los propios nativos. En el siglo XIX, sin embargo, cambió el sentido de la palabra a medida que se fue asociando a todo tipo de prejuicios racistas.

Y aunque toda la parafernalia del equipo de Washington gira en torno a su mascota: un indio de piel roja con plumas en la cabeza y su aceptación por la comunidad es tan absoluta como por el resto de la NFL, son ya dos décadas de lucha continuada. Y acentuada, incluso, desde que en 1997 el otro gran club de la capital, los Bullets (balas) accedieron a cambiar su denominación por Wizards vencidos por la presión de los que querían, argumentaron, evitar asociaciones con la criminalidad que dañasen la imagen de la ciudad.

REDSKINS2En 1992, semanas después de que Mark Rypien condujera a los Redskins al título de la Superbowl ante los gafados Buffalo Bills de Jim Kelly (fue la segunda de las cuatro derrotas consecutivas que encajaron en el partido final entre 1991 y 1994), un grupo de  intelectuales nativoamericanos denunciaron en el juzgado al equipo por usar una marca abiertamente racial, algo en contra de la legislación que prohibe expresamente nombres ‘denigrantes, escandalosamente despreciables o de mala reputación’. La demanda fue aceptada y ganada en 1999, pero el propietario, Daniel Snyder, apeló y ganó. Una segunda demanda sigue hoy su curso, aunque la sentencia no se espera en los próximos tiempos.

Paralelamente, varios políticos han tratado de presionar para que los Redskins cambien su nombre de forma amistosa. Este mismo año un grupo de 10 congresistas, así como el propio alcalde de Washington, Vincent C. Gray, han solicitado sin suerte a Snyder ese cambio y varios medios de comunicación como el Washington City Paper han anunciado oficialmente que dejarán de referirse al equipo de Washington como los Redskins.

“El término redskin no tiene nada de racista, es una expresión tradicional para referirse a los nativos americanos como gente competitiva y valiente y no hay ninguna razón para no usarlo. Nunca, y póngalo en mayúsculas, NUNCA, vamos a cambiar el nombre” proclamó en una entrevista a Sports Illustrated el dueño, dispuesto a “vivir eternamente” con esta polémica.

LA HISTORIA

Los Redskins, considerados hoy la segunda franquicia más valiosa en la NFL por detrás de los Dallas Cowboys, nacieron como Boston Braves en 1932 y adoptaron su actual denominación un año después, cuando se mudaron al Feenway Park y según la leyenda el dueño, George Preston Marshall, lo decidió como un guiño al entrenador, William Henry Dietz, también conocido como Lone Star Dietz, por ser descendiente de los Sioux. Redskins, traducido como Pieles Rojas, pretendió ser entonces un homenaje a los nativos americanos y es hoy un asunto de estado que los hinchas que suelen llenar los 85.000 asientos del FedExField no acaban de comprender.

Decepcionado por el poco apoyo popular del que gozaba el equipo en Boston, el dueño decidió trasladarlo ya en 1935 a Nueva York, pero encontrando el bloqueo de la Regla Territorial de la NFL no consiguió su objetivo hasta dos años después, logrando emigrar a Washington para asentarse en el Griffith Stadium y compartirlo con los Washington Senators (hoy en Minnesota bajo el nombre de Twins) de béisbol.

SAMMYLa fama de los Redskins aumentó de manera tan inesperada como considerable en los siguientes años. El liderazgo del quarterback Sammy Baugh, que condujo al equipo al título de la NFL en su primer año y repitió en 1942, fue trascendental en su popularidad y aunque la errática política deportiva de Marshall provocó su alejamiento de los puestos de honor, era habitual en sus partidos ver llenas las 30.000 localidades del Griffith Stadium.

Superados por una afición cada vez más multitudinaria y considerados ya como uno de los grandes de la Liga, los Redskins se mudaron en 1961 al nuevo DC Stadium (después renombrado como RFK Stadium) con una capacidad superior a los 45.000 espectadores. Fue entonces cuando, amenazado por las autoridades locales, Marshall acabó por ceder a su negativa de tener jugadores de color (los Redskins fueron los últimos en aceptarlos en su plantilla) y firmó a Ernie Davis.

REDSKINS1Con la muerte del propietario en 1969, los ejecutivos decidieron vender la franquicia a Edward Bennett Williams, uno de los abogados con más fama en todo el país, que relanzó a los Redskins con la contratación de Vince Lombardi como entrenador (muerto de cáncer un año después) y la posterior de George Allen, quien pasó a la historia por su decisión de contar solamente con jugadores veteranos y ser, además, el impulsor de una nueva rivalidad con los Cowboys de Dallas, que aún hoy está considerada como de las más enconadas en todo el deporte profesional norteamericano.

Jack Kent Cooke compró la franquicia en 1981 y le dio el mando del equipo a Joe Gibbs, hoy leyenda al conducir a los Redskins a cuatro Super Bowls y ganando tres de ellas. Después de 41 años de su último título, en 1983, en Pasadena y bajo la brillantez del running back John Riggins, los capitalinos vencieron a los Miami Dolphins por 27-17, vengando la derrota de diez años antes en Los Ángeles y estableciendo una marca de Super Bowl al correr 276 yardas.

Cuando Daniel Snyder llegó a la propiedad del club en 1997 la polémica por el nombre ya estaba presente. “Nunca, jamás, cambiaré el nombre” dijo entonces y repite ahora. Accedió al cargo por la muerte del antiguo propietario y poco después de la inauguración del FedExField, que hasta 1999 se llamó Jack Kent Cooke Stadium en honor a su antecesor. Las dudas acerca de si los Redskins serían capaces de dar vida a un estadio con capacidad para 80.000 espectadores se terminaron pronto. Desde entonces y hasta hoy, con las diferentes remodelaciones que han variado la capacidad entre las 91.000 plazas a las 85.000 actuales, los llenos son continuados. Los Redskins, de hecho, mantienen el record de la NFL de agotar todas las localidades durante siete temporadas consecutivas. Y jugando no pocos partidos a temperaturas gélidas…

Daniel SnyderEs por ese apoyo absoluto de los fans de la ciudad y de los millones que se cuentan en todo Estados Unidos que Snyder se muestra inflexible en su decisión de mantener el nombre. Ni las presiones del alcalde ni de un grupo de congresistas parecen hacerle temblar. Tiene, dice, la historia y la gente de su parte. Y ante ello considera que el racismo es, simplemente, una excusa para apartar de la grandeza a unos Pieles Rojas que no bajan la guardia.

Ganando o perdiendo la Super Bowl, alcanzando o no las rondas de play-off, estando entre los mejores o cayendo en la peor depresión deportiva, los Washington Redskins tienen un sabor especial en la NFL. Ni mejores ni peores pero sí con una personalidad propia. Como los Green Bay Packers, los Oakland Raiders, los Pittsburgh Steelers y prácticamente todos los equipos de una competición que no tiene rival en todo el país.

En la historia, o leyenda, de los Redskins se cuenta que un joven veinteañero, un día, avisó a su novia de lo que podría depararles un futuro en común. “Si algún día nos casamos, ten presente que será entre febrero y junio. Antes juego y después me preparo para volver a jugar” le dijo. “Pero si solo te he visto jugar a poker!” bramó la chica. Fue la última frase, porque, viendo que ella no había prestado nunca atención a su equipo y no parecía entender que debería hacerlo, el chaval se bajó del autobús en la siguiente parada y desapareció para siempre.

Comparte este artículo

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on pinterest

Artículos relacionados

Artículos recientes

Síguenos