El palo a Pep Guardiola: el rayo que no cesa

Pep Guardiola despierta un curioso efecto entre la gente. Al margen de no dejar a nadie indiferente, es capaz por sí solo de adueñarse del nombre de los clubes a los que entrena. Durante tres años, el Bayern dejó de ser de Múnich para ser el de Guardiola, igual que hoy dirige al City de Pep y la ciudad de Manchester ha quedado en el olvido.

Quienes defendieron que su decisión de ir a la Bundesliga era un acto de cobardía por no ir a la Premier y ahora califican de broma a la liga inglesa están disfrutando hoy como un cerdo en una charca. Saben que cualquier noticia que incorpore las palabras Pep Guardiola –aunque no sea tal y se base en una prensa británica a la que cada vez se asemeja más la nuestra– genera interés, el interés produce clics y los clics, dinero. Y una derrota ante el Barça, la segunda del técnico catalán en el Camp Nou, es el mejor caldo de cultivo para que aparezcan artículos, columnas y opiniones que rebosan odio. Sí, la palabra es sonora y fuerte, pero es la que mejor define lo que se vive cada vez que Guardiola regresa al templo culé.

El Barça de Messi y el de Pep Guardiola

El Manchester City perdió en el Camp Nou porque es un equipo infintamente peor que el Barça. Es cierto que llevan apenas tres meses trabajando con Guardiola y ver sobre el césped lo que quiere el de Santpedor llevará tiempo, pero incluso en plena forma, el equipo de Luis Enrique es mejor que el inquilino del Etihad Stadium. Lo sabíamos cuando Pep Guardiola llegó a Manchester, lo sabíamos cuando el sorteo de la Champions League les emparejó y lo sabemos hoy, con certeza, después del choque del miércoles.

Guardiola recibe palos por la derrota de su equipo, de la que él mismo se autoinculpó tras el partido. Ignoro si es necesario que cuatro días después algunos medios de Barcelona sigan atizándole como si no hubiera un mañana. Y desconozco también si esos mismos medios que se entregaban al onanismo con el sextete y las dos Ligas de Campeones del Barça de Guardiola y no han dudado un ápice en rebautizarlo como el Barça de Messi, son los más adecuados para hacerlo.

El fútbol te demuestra que no es conveniente escupir hacia arriba, porque incluso aquel Barça –de Guardiola ante el Inter y el Chelsea y de Messi en 2009 y 2011– se vio apeado de algunas competiciones por equipos peores. Y quién sabe si esas facturas que hoy se cobran algunos pueden acabar por ser devueltas al remitente si un día, por casualidad, aparece el City de Guardiola. El que el técnico está buscando.

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