¡Que vuelva el fútbol!

No hay que mezclar la política y el deporte‘. Esa frase, pronunciada con especial virulencia cuando tenía como objeto de la crítica al Barça que presidía Joan Laporta, vuelve -como los turrones- por Navidad, coincidiendo con los partidos que disputan las selecciones autonómicas de fútbol aprovechando el parón de la Liga. Y, más concretamente, con los encuentros de los combinados de Euskadi y Catalunya.

Uno, que piensa que el fútbol verdadero es el de clubes, se plantea si es verdaderamente necesario celebrar un tipo de partidos que, al menos en el caso de Catalunya, acostumbran a estar presididos por la ambigüedad y por el ‘no nos pasemos en la reivindicación, no vaya a ser que nos caiga una bronca‘.

No obstante, el Catalunya-Cabo Verde de esta noche tiene un aire diferente. Con la consulta sobre la independencia en el horizonte, da la impresión que todo el mundo contempla el partido con otra perspectiva. Para unos, el encuentro ha dejado de ser un acto de reivindicación de la oficialidad de la selección catalana para convertirse en un barómetro que mida el nivel de adhesión a la celebración de un acto tan básico en democracia como es una votación. Para otros, el éxito o fracaso a la hora de atraer al público a una gélida montaña de Montjuïc hará que se contemple el partido como un reto a España o como el triunfo de la famosa mayoría silenciosa.

¿Qué ocurrirá? Lo más probable es que el Estadi Olímpic Lluís Companys esté poblado de senyeres y estelades, que la selección catalana gane a su débil rival de hoy y que en dos días nadie vuelva a hablar del asunto, especialmente porque el regreso de Messi a Barcelona hará que todo esto se olvide hasta que, el año próximo, la federación de Villar dé un generoso permiso a la catalana para jugar contra alguna potencia como Costa Rica, Seychelles, Palestina o San Marino. ‘Por Navidad, siente a un pobre a su mesa‘.

Hay mucha gente -entre los que se incluye quien firma estas líneas- a quien le importan un bledo las selecciones española, catalana, argentina o peruana, gente que ni se apasiona con ellas ni le interesan más allá del espectáculo que puedan ofrecer sobre el terreno de juego. Gente a la que, simplemente, le gusta el fútbol.

Pero uno no es ingenuo y sabe de la enorme potencia de este deporte en todos los ámbitos. Hemos visto en los últimos años a personajes que se han aprovechado del fútbol como plataforma de lanzamiento en términos de popularidad, de ambiciones políticas o servirse del mismo para negocios. Esta noche -y sobre todo mañana en algunas columnas- veremos a más de uno confundir el culo con las témporas y aprovechar que el balón rueda para lanzar todo tipo de sandeces contra quien ose defender un pensamiento o una conciencia de país distinta a la suya. Sea la que sea.

Por favor, que vuelva Messi. Que vuelva la Liga. Que vuelva el fútbol.

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