Nos da igual la Copa, la Liga y el Máster de Cifuentes. El Procés no se toca, a favor o en contra, y la remodelación del Camp Nou es un parche que más pronto que tarde volverá a motivar discusiones encendidas. El culer se moja en el estadi y eso no se puede aguantar… Pero ahora no toca.

Hoy, ahora, lo que cuenta es el apoyo innegociable al simpático y amado Bayern. Hay que poner velas a Santa Rita y Santa Bárbara, a Santa Eulalia y Santa Marta. Rezar el Rosario y hacer promesas varias que refuercen nuestros anhelos.

Pedirle al estimado señor Heynckes que reserve hasta el día 25 a Lewandowski, a Ribéry, Robben y Müller; mostrar nuestro cariño por Thiago Alcántara y enviar un médico o si hace falta un curandero para acelerar la recuperación de Nóia (véase que sabemos decir Nóia igual que decimos Ripol o Sabadel). Ser del Barça, aquí y ahora, se entiende solo a través del Bayern.

Yo firmo perder la final de Copa y que gane la Liga el Atleti si el Bayern elimina al Madrid”, hemos leído o escuchado. Rizando el rizo, eso podría provocar una crisis de tal envergadura en el Camp Nou que se conduciría a unas elecciones anticipadas y ya estaríamos en nuestro añorado infierno.

El barcelonismo militante se divide entre quienes desean que peti tot y los que descuartizan a quienes así piensan porque les consideran aficionados de segunda o, peor, malos aficionados, enemigos del sentiment. El discurso contestatario, tan nuestro desde hace tantos años, provoca ahora que los bandos enfrentados puedan dar rienda suelta a toda la rabia acumulada para repartirnos carnets según nuestra posición.

Pero el 25 de abril estos y aquellos se sentarán frente al televisor fuera de sí sumándose a la causa bávara. Visca el Bayern! Gritaremos al unísono, revolcándonos en el fango si hace falta y dejando todo lo demás a un lado. La gloria de una temporada se juega entre Múnich y Madrid… Hay que estar preparados para el gran momento.