Puyol dice adiós

Carles Puyol se va. Casi quince años después de enfundarse por primera vez la camiseta del primer equipo, el defensa ha dicho basta en una breve comparecencia donde, emocionado, ha explicado que abandonará el Barça a final de temporada.

Un año y pocos días después de debutar en Zorrilla frente al Valladolid. Puyol entró para siempre en el imaginario culé. Fue el 21 de octubre de 2000 y aquella noche, en el Camp Nou, le tocó bailar con la más fea, con el antiguo capitán que había abandonado el barco azulgrana ese mismo verano para recalar en el más odiado de los rivales. Aquel sábado de otoño, Puyol recibió el primer gran reto de su carrera en primera división cuando Serra Ferrer le encomendó una misión: secar a Luis Figo.

Del éxito o fracaso de aquella tarea dependía, seguramente, el futuro de Carles Puyol. A sus 22 años, le tocaba ser el foco de atención de casi 100.000 espectadores, más pendientes de pitar e insultar al portugués que de la figura de aquel melenudo defensa enganchado al madridista que apenas había jugado algunos partidos.

puyol

Para el ahora capitán, el reto era mayúsculo: comenzar a labrarse una carrera en el primer equipo o pasar a la historia como uno más de los frutos de La Masía que ven la cruz de la moneda por un ataque de entrenador. La respuesta del canterano fue magnífica y aprovechó –como durante toda su carrera– su enorme condición física para anticiparse a todos los movimientos de Figo. El portugués, atenazado por el ambiente hostil, no pudo superar la prueba de fuego que representaba volver al Camp Nou ataviado con la camiseta blanca y fracasó, igual que hicieran antes en sus respectivos regresos otros ilustres tránsfugas como Michael Laudrup o Bernd Schuster.

Allí comenzó a forjarse la leyenda del último gran capitán del Barça, del tipo que levantó la Champions League en París y Roma, del futbolista que tuvo un gesto de suprema generosidad al permitir que fuera Éric Abidal quien alzara al cielo de Wembley la cuarta Copa de Europa del club.

Se marcha el defensa que salvó goles con el escudo, el central que se partió literalmente la cara en más de una ocasión intentando parar a los delanteros rivales, el que ondeó la Senyera al viento en el Bernabéu en una de las tardes más gloriosas e inolvidables que recuerda la afición barcelonista.

Puyi se va, seguramente, porque le ha fallado su principal arma, ese físico portentoso que le ha permitido estar en lo más alto durante casi quince años. Ese físico que ha hecho que el Camp Nou coreara su nombre en más de una ocasión al verlo –utilizando lenguaje del NO-DO– como su valladar inexpugnable.

La papeleta está ahora en el tejado de Andoni Zubizarreta, un director deportivo que lleva tres años sin planificar el relevo de un Puyol cada vez menos valladar y más expugnable. Un responsable deportivo de mano blanda que ha sido incapaz siquiera de marcar el terreno para dirigir el adiós de dos de los capitanes e iconos del mejor Barça de la historia que, como Valdés y Puyol, han decidido cuándo y cómo abandonar el club. Pero esa es otra historia.

Hoy toca despedir al capitán. Gràcies, Carles.

Foto: fcbarcelona.com


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