A propósito de Neymar

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Probablemente no vaya a decir nada que quien esté leyendo esto no haya pensado antes, pero considero necesario hacer este análisis ahora, justo en un momento crucial de la temporada en el que el equipo se juega los tres títulos aún en juego y en el que se ha empezado a cuestionar el fichaje de Neymar con mucha más intensidad.

Está claro que Neymar esta verde. Lo demuestra partido a partido con su incapacidad para encajar en el equipo tácticamente y para contrarrestar el juego –normalmente bastante sucio– de los defensas de la liga española. Aun así, Neymar tiene un potencial enorme y acabará triunfando, ya sea en el Barça o en otro equipo; las cualidades por las que media Europa (no lo olvidemos) pretendía ficharle hace sólo unos meses no se han esfumado repentinamente, aunque sea cierto que las está mostrando con cuentagotas.

La mayoría de brasileños que han triunfado en Europa han pasado por clubes más pequeños como etapa de transición. Si hablamos del Barça, basta con recordar a algunos como Romario (fue con 22 anos al PSV y llegó al Barca con 27), Rivaldo (tenía 24 al llegar al Dépor y 25 al aterrizar en el Camp Nou), Ronaldinho (21 PSG, 23 Barça) o Ronaldo, que fichó a los 18 años por el PSV y dos años después llegó a Barcelona. No es el caso de Neymar, que ha ido directamente al primer equipo de Messi y compañía. Y no a un Barca cualquiera, sino a un muy convulso club cuyo fichaje generó una enorme polémica que ha degenerado en la denuncia de hacienda y la dimisión de Sandro Rosell.

En mi opinión, el Neymar que estamos viendo está rindiendo a un 40% de su potencial. Aun así, está marcando goles (14 en todas las competiciones) y ofreciendo asistencias (15), unas estadísticas que ya quisieran algunos jugadores a estas alturas de la competición. Los datos están ahí. Se podrán discutir más o menos, pero objetivamente son bastante buenos, especialmente para ser su primera temporada, haber sufrido lesiones y haber soportado todos los condicionantes relativos a su fichaje.

No hay razones para dudar de que, cuando Neymar esté más adaptado al equipo y a la liga española, su rendimiento mejorará ostensiblemente y se convertirá en un jugador de extrema importancia en este Barça. Eso sí, siempre será un jugador que basa su juego en el regate y la definición, nos guste o no. No será un Messi porque Messi sólo hay uno, y las odiosas comparaciones entre ambos sólo sirven para poner más presión sobre un jugador cuyas primeras palabras en Barcelona fueron que venía a ayudar y a aprender del maestro argentino. Si Neymar se convierte en un nuevo Ronaldinho o se queda en un buen Robinho, sólo lo sabe el tiempo, pero para saberlo es preciso dárselo.

Hace unos días, Rac1 hizo hace un resumen de lo que ha vivido el vestuario de can Barça en los últimos tiempos y la relación pone los pelos de punta: el cáncer y el trasplante de Eric Abidal, la enfermedad y posterior recaída de Tito Vilanova, el abandono del mejor entrenador de la historia blaugrana, Josep Guardiola, el anuncio de la salida de Víctor Valdés, el movido fichaje de Neymar, la denuncia de Hacienda contra Messi y su padre y las intoxicaciones por presunto blanqueo de dinero procedente de las drogas, la denuncia de Jordi Cases, el anuncio de la retirada del Barca de Carles Puyol, la dimisión de Rosell, la lesión de Valdés, las dos lesiones de Messi… Todo esto en una temporada y media. Las enfermedades de Abidal y Tito ya serian, por sí solas, motivo más que suficiente para desestabilizar cualquier plantilla de cualquier club de fútbol. El hecho de que este equipo haya seguido compitiendo y ganando a pesar de todos estos contratiempos dice mucho sobre la valía futbolística y humana de estos jugadores, a los que a veces criticamos con demasiada facilidad.

Todo esto demuestra cómo ha cambiado el Barça como equipo y como institución. Lejos queda aquel que perdió una liga por culpa del secuestro de Quini en la temporada 80-81 (aunque luego ganara la Copa del Rey), o el que la dejó escapar cuendo Maradona y Schuster cayeron lesionados en la 83-84. Tan lejos como aquel Barça que acabó sexto clasificado –la peor posición desde 1942– en la desastrosa temporada 87-88 del motín del Hesperia.

Este Barca de Valdés, de Puyol, de Piqué, de Xavi, de Iniesta, de Messi, de Busquets o de Pedro ha sufrido episodios más duros que los del Barca de los 80 y ha demostrado, temporada tras temporada, estar ahí, al pie del cañón, disputando cada competición hasta el ultimo partido. Al final, la pelota entrará o no, y la historia será o no justa con este grupo de jugadores que ha cambiado, aunque tal vez no tanto como debería, la idiosincrasia del FC Barcelona.

De ese cambio de mentalidad y de esa idea ganadora que preside el club desde hace más de dos décadas deben surgir también la tranquilidad y la paciencia para permitir que figuras de un potencial como Neymar puedan desarrollarlo en el Camp Nou.

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