Primera derrota en la Euroleague

El FC Barcelona perdió anoche su primer partido en la Euroleague tras caer en el Palau Blaugrana ante el Fenerbahce por 89-91, un resultado que mantiene al equipo de Xavi Pascual como líder del grupo pero que acerca a los de Obradovic y les coloca a una sola victoria.

Sin Olesson ni Navarro, el partido fue presentado en la previa como la hora de los niños Abrines y Hezonja. En el primer cuarto, Abrines se lesionó, visitando la enfermería con mejores muñecas de la historia. Y a pesar de tantas bajas, el Barça mostró un nivel altísimo, peleo la victoria con todo el alma y llevó al Fenerbahce al límite.

Siempre se dice que de las derrotas se aprende más que de las derrotas. Tanto da si es cierto o no, porque Pascual ganando o perdiendo ha comprobado que en su equipo tiene material suficiente para hacer daño a cualquiera. En un día normal de Tomic y Doellman, Thomas lideró al equipo mientras le aguantaron las fuerzas y Hezonja volvió a dar un paso al frente.

Lo hizo Mario asumiendo primero con entereza las broncas –justificadas– de su entrenador por su mal primer tiempo, y luego revirtiendo esas broncas en aplausos con un recital memorable en la segunda mitad. No fueron solo sus triples, sino su carácter a la hora de entrar a canasta, sus decisiones e intenciones en estático y su fortaleza a la hora de defender.

Y todo ello cuando delante tenía a unas de las mejores plantillas de Europa. Otro balcánico, Bogdanovic, ha lucido toda su clase y ha dado un clinic de cómo jugar en el perímetro, tirar y penetrar, esperando siempre las instrucciones del mejor base que juega en Europa, Goudelock. A pesar de no tener los números habituales, sabe en todo momento qué ritmo conviene a los suyos y genera espacios para sus compañeros por la atención que le ha prestado la defensa culé.

El partido se decidió en la prórroga, un justo desenlace ya que ninguno de los dos equipos había disfrutado de ventajas superiores a los 10 puntos. En un partido largo, dos factores inclinaron la balanza a favor de los visitantes: la escasa rotación del Barça, que ha provocado que en los últimos minutos la sangre no llegase a la cabeza y los ataques fuesen muy poco claros, y la poca solidez del juego interior.

Con el perímetro diezmado, el Barça necesitaba más que nunca a Tomic y Doellman, que no estuvieron a la altura. Obradovic cerraba la defensa para conceder tiros abiertos, y cuando Marcelinho los encontraba, ni el croata ni el norteamericano tuvieron el día. Demasiado para un Barça al que poco se le puede reprochar y que dibuja un futuro aún más lustroso que su bonito presente.

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