Por el bien del Barça, pacten

Este es un artículo dirigido a Joan Laporta, a Agustí Benedito y a los socios del Barça, a título personal. No representa a la redacción de am14 ni a ningún otro redactor de la web. Lo escribo como culé y socio del Barça, porque me preocupa el futuro del club.

Quedan cuatro días para las elecciones a la presidencia del FC Barcelona. Es esta una cita importantísima para el barcelonismo. Pese a la gran temporada que ha hecho el primer equipo de fútbol, consiguiendo de nuevo el triplete, somos muchos los socios descontentos con la gestión de la directiva saliente (si se puede decir que ha salido, viendo las sorprendentes gestiones de la comisión, que se pasa por el forro los estatutos).

Pensamos, muchos de los que miramos más allá de la pelotita, que la dirección que está tomando el club desde que llegó Sandro Rosell el escapista puede llevar, a medio y largo plazo a la desaparición del club tal y como lo conocemos.

Las encuestas dan como favorito a Bartomeu. Respetando toda opinión, yo no le veo mucho sentido fiarse de una directiva que ha llevado al Barça a vivir cada semana en los tribunales (aunque se achaquen las querellas a campañas conspiranoicas, querellas que pueden llegar incluso a a conflicto de intereses entre el club y el propio Bartomeu, también denunciado), que ha mentido al socio en el precio de los fichajes, que ha llevado a la Masia del éxito a la crisis, que ha vuelto a dejar entrar a los violentos al Camp Nou, que tiene relaciones con empresas de reventa de entradas, que no ha sabido defender con contundencia al Barça de los ataques de la meseta, que dice no recibir más ofertas fuera de las de Qatar y así un sinfín más de genialidades que a mí ni con un triplete de embudo me hacen tragar (el triplete ya se consiguió antes y sin todos esos daños colaterales).

Y por encima de todos hay un tema que me preocupa especialmente. Se trata del proyecto faraónico del Camp Nou que presenta la actual junta. Dicho proyecto puede dejar en una anécdota la hipoteca que pagamos el año 1957, cuando el estadio costó más del cuádruple de lo presupuestado y ese sobrecoste llevó al Barça a una gran crisis que se tradujo en catorce años sin títulos. En esta ocasión, no son pocos los expertos que auguran un colapso en la economía del club, llevándolo a la conversión en sociedad anónima con la entrada de socios capitalistas amigos de la actual junta. Esto es, Qatar & cía o hagan ustedes mismos las cábalas catastrofistas que quieran.

Tengan o no razón los pitonisos, yo no me arriesgaría. No considero imprescindible un proyecto de tales dimensiones y menos en tiempo de crisis. Es un riesgo innecesario y más en manos de una directiva que –quien más quien menos coincidirá conmigo– siembra muchas dudas.

A todo esto llegamos a la recta final de las elecciones. Solo veo dos candidatos capaces de frenar al proyecto continuista. Por separado creo que lo tienen complicado, aunque no imposible. Se restan votos entre sí y ninguno de los dos tiene la capacidad necesaria para ganar con solvencia a la poderosa maquinaria que posee Bartomeu: el uso del propio club y la afinidad de los medios de comunicación con sus intereses, filias y fobias.

Yo pido a Joan Laporta i Estruch y a Agustí Benedito i Benet que aseguren el tiro y pacten, por el bien del Barça. Laporta ha insinuado que se deberían unir fuerzas, en cambio Benedito asegura que no pactará. Desconozco los motivos que tiene Agustí para no querer pactar, pero los intuyo: diferentes prismas y la ambición de ser el número uno del club. Probablemente Laporta no pacte sin acordar que él será presidente (todos conocemos sus virtudes y defectos y convendremos que probablemente así sería) pero por su parte Benedito lleva demasiados años picando piedra como para aspirar a la vicepresidencia. Difícil ecuación.

Pues miren, yo creo que harían buen equipo. Laporta, con algo menos de ilusión y fuerza que antaño, aportaría experiencia y contactos. Benedito, por su parte, inyectaría esa ilusión necesaria en todo proyecto, así como todo el trabajo realizado, que me consta que no es poco. Además de sumar el seny que equilibraría la rauxa de Jan.

¿La presidencia? Si yo tuviese algún tipo de influencia les diría que en el pacto acordasen –sin decirlo públicamente si no quieren– dar la presidencia a Laporta un par de años y que luego éste se retirase a un segundo plano y cediese el puesto al becario. Pero yo no tengo influencia alguna.

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