El regreso del Macanudo Pizzi

Con unos inevitables kilos de más y un traje que le quedaba peor que a Arbeloa una barretina, Juan Antonio Pizzi, «Pizzigol», «Pizzirucho», era presentado en Valencia como nuevo técnico de la entidad ché. El argentino, que se formó como entrenador con Guardiola o Luis Enrique entre otros, llega con la vitola de flamante campeón del Apertura con San Lorenzo de Almagro.

No lo tuvo fácil Pizzi en sus inicios como jugador de fútbol. De chaval lo rechazaban de prueba en prueba hasta que logró hacerse un hueco en las inferiores de Rosario Central. Apenas estrenada la mayoría de edad chocó en un partido de 4ª división con el guardamenta Roberto Bonano y como consecuencia perdió un riñón. Aunque pensó en dejar el fútbol, finalmente se rehizo y logró debutar en Primera División dos años después, ante River… y un golpe de Nelson Gutiérrez le rompió el pómulo y lo dejó inconsciente.

Tras un breve paso por el Toluca mexicano llegó al Tenerife, donde logró un Trofeo Pichichi (31 goles) y lo que se suponía que iba a ser el súmum de su carrera: el fichaje por el FC Barcelona. Sin embargo, como corresponde a la mala suerte del de Santa Fe, el club azulgrana lo trajo al mismo tiempo que a un jovencito de 18 años llamado… Ronaldo Nazario da Lima. Pizzi se quedó en 18 goles en 72 partidos, aunque en la retina culé siempre quedará el 5-4 definitivo al Atlético de Madrid en aquel partido loco de Copa que el Barça perdía por 0-3 al descanso. De sus estancia en Barcelona se llevó eso, el sobrenombre de “Macanudo” con el que el comentarista radiofónico Joaquim María Puyal lo bautizó por aquel tanto, un par de Copas y una Liga.

Sus inicios como técnico tampoco fueron sencillos. Empezó haciendo dupla con Chemo del Solar en el Colón de Santa Fé y duró 3 partidos. Tampoco acabó el año cuando estuvo en el Universidad San Martin peruano. Hubo que esperar a 2009 y su periplo por Chile para ver los primeros logros de Pizzi en los banquillos. Allí acabó ganando el campeonato con Universidad Católica en 2010.

Como decía, no lo tuvo fácil el bueno de Pizzi y no será mejor en su nuevo destino. En Mestalla tendrá que lidiar con la afición más exigente e intolerante de toda la Liga y con un club que no acaba de recuperar recientes glorias ni en lo deportivo ni en lo económico. Carácter no le falta, conoce la ciudad (estuvo aquí cedido por el Tenerife en la temporada 93/94) y el reto de levantar a un Valencia herido le motiva. De momento parece que ya cuenta con el apoyo de un vestuario que tiene claro que a rey muerto, rey puesto: alguno de los pesos pesados ya critica los métodos del saliente Djukic y pelotea al nuevo míster. ¡Bienvenido de nuevo, Macanudo!

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