Piratería, piratas y vividores

La LFP se ha sacado ya sin disimulo la careta. Al margen de cualquier debate respecto al descenso de aficionados en las gradas de los estadios de fútbol, pasando olímpicamente de las quejas por esa anarquía de horarios a los que le aboca la dictadura televisiva y sin prestar atención a lo que ocurre en otros países, a la Liga le ocupa denunciar la piratería televisiva. Al organismo que dirige el señor Tebas le preocupa más que alguien pueda ver un partido, o veinte, de forma ilegal en un ordenador que observar cualquier campo de Primera o Segunda División semivacío.

A los responsables de la Liga española no les atañe compararse con los campos de Alemania, Inglaterra, Holanda o incluso Francia, porque de hacerlo quedaría demasiado en evidencia su ridículo. El peor Manchester United de este siglo llena partido tras partido las gradas de Old Trafford y la peor entrada en el campo del colista de la Premier, el Fulham, ha superado el 83 por ciento de su aforo, situándose la media por encima del 92 por ciento. La peor entrada en las gradas del estadio del peor equipo de la Bundesliga, el Eintracht Braunschweig, ha sido del 90 por ciento y del 58 en el campo del ADO Den Haag en Holanda, con una media superior al 72 por ciento en los once partidos de Liga jugados como local.

Los datos se podrían contar por centenares entre la Primera y la Segunda División. Y más aún. En la tercera categoría alemana, el Hansa Rostock no arrastra menos de 9.000 aficionados y 3.500 de media acuden a animar al colista Saarbrücken, que superan los 15.000 en el caso del Sheffield United, en puestos de descenso en la tercera inglesa. Se habla de costumbres para justificar esas terribles diferencias si se dice que apenas 2.000 hinchas acuden a ver al Burgos, menos de la mitad al Logroñés o no más de 7.000 al Murcia. Pero no se habla, no se dice, no interesa, explicar que mientras el aficionado de estos equipos puede ver TODOS los partidos de Primera División española frente al televisor (pirateando o no) gracias a los horarios impuestos por los que mandan, en Inglaterra o Alemania las franjas horarias se confeccionan precisamente para evitar esas circunstancias.

Todo el mundo habla de la defensa del fútbol, pero nadie lo hace en nombre de los aficionados. Sentados en sus atriles, sendos representantes de las televisiones, aquellos que narran maravillados los ambientes que se observan en el Britannia Stadium (aunque el partido sea una castaña), arrastran en su denuncia a una LFP que ha demostrado estar interesada solamente en el dinero que recibe y que ha dado la espalda sin disimulo a quien acude a los campos. Porque, como bien escribió no hace muchos días en La Vanguardia Joan Golobart, se ha pasado del espectador al consumidor y a diferencia de otros países en los que se proclama que el fútbol es de los aficionados, en España el aficionado es quien menos importa.

Y mientras los campos siguen medio vacíos, la LFP publica estudios interesados de asistencias falseadas ocultando que la mayor o menor presencia total de aficionados en x jornadas se produce gracias a que los campos con mayor capacidad han podido acoger en ese tiempo partidos de mayor trascendencia. Y sin dar cuenta de lo que ocurre en no pocos campos en los que ver más de media entrada es poco menos que un milagro. A Tebas y sus directivos les interesa más pensar en la tele. Y hablar de piratería sin caer en la cuenta de que piense nadie que ellos son los piratas. Y vividores.

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